Cines y cinéfilos

El incendio del Cine Obrero de Zacatepec El lunes 5 de junio de 1939 se publicó a ocho columnas en El Nacional la noticia de la tragedia ocasionada por el incendio de un cine en Zacatepec, Morelos. Las cifras preliminares ascendían a una veintena de muertos y muchos heridos, así como alrededor de doscientas casasSigue leyendo «Cines y cinéfilos»

Cines y cinéfilos

Breve noticia del Cine Encanto Xochitepec, 24 de enero de 2004 Pozole verde, tostadas de pata, tacos dorados de picadillo… Ese sabroso menú degustábamos hace un par de noches Patrick Duffey, Eduardo de la Vega y yo en una fonda del centro, lo cual no tendría nada de particular –ni daría motivos para su registro–Sigue leyendo «Cines y cinéfilos»

De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

Periodistas españoles exiliados en México comparan a Cantinflas con Charlot Cuando los exiliados de la Guerra Civil española comenzaron a llegar a México en 1939, una de las industrias donde encontraron trabajo fue la del periodismo. Venían entre ellos hombres de letras maduros que dejaban a sus espaldas el mundo de la cultura que habíanSigue leyendo «De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos»

De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

El primer libro mexicano de cine Carlos Noriega Hope (1896-1934) fue uno de los principales animadores de la cultura cinematográfica mexicana en las décadas de los veinte y treinta. Dirigió durante casi tres lustros el popular semanario El Universal Ilustrado, donde entre otras cosas impulsó la profesionalización del periodismo fílmico al mantener columnas de lasSigue leyendo «De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos»

De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

Primeros libros Junto con mantas, sonajas, peluches y otros objetos, el Álbum biográfico del niño fue uno de mis primeros regalos. Lo hizo la maestra de piano María C. Arias a su alumna Flora Rendón, mi mamá. Sin embargo, la encargada de llenarlo no fue ésta, sino su hermana dos años menor, Odila. Desde misSigue leyendo «De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos»

De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

Manuel P. de Somacarrera escribe sobre cine mexicano A mediados de 1928, el bilbaíno Manuel Pérez de Somacarrera comenzó a colaborar en El Heraldo de Madrid. Tenía 26 años y probablemente vivía en Zaragoza, pues en sus columnas comentaba aspectos de la vida literaria en esa ciudad. Al año siguiente, el joven periodista se mudóSigue leyendo «De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos»

De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

Películas de Bajo el volcán En la introducción a la edición hecha en 1965 por la canadiense New American Library de la novela Bajo el volcán de Malcolm Lowry, Stephen Spender escribió que sus técnicas narrativas son esencialmente cinemáticas. “La influencia más directa de este libro extraordinario –dice– no es de otros novelistas, sino deSigue leyendo «De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos»

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Ramón Novarro en Cuernavaca En su número de agosto de 1933, la revista Filmográfico publicó un anuncio a doble página en el que se mostraban imágenes del Gran Casino La Selva, en la ciudad de Cuernavaca, Morelos. Esas fotografías daban cuenta de una construcción monumental, con visitantes que llegaban en elegantes coches para disfrutar deSigue leyendo «De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos»

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Un cuento infantil y de cine de Magda Donato Los madrileños Carmen Eva Nelken y Salvador Bartolozzi se unieron en 1917. A ella, que pronto adoptó el seudónimo de Magda Donato, le gustaba escribir; a él, dibujar y pintar. Con notables trayectorias personales en los ámbitos del periodismo, la escenografía y las artes plásticas, tambiénSigue leyendo «De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos»

De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

Grimorios y crisolines Año: 1985. Lugar: Buenos Aires o, más específicamente, un edificio del barrio de San Isidro donde vivían Elizabeth Alexander y Ricardo Lucotti, quienes entonces eran mis suegros. Una anciana vecina suya, llamada Azucena, me contó algo que me hizo desear escribir una novela en el centro de la cual estaba un grimorio,Sigue leyendo «De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos»