De libros

Sueños de y con Buñuel

I

Luis Buñuel, novela fue el último gran proyecto de Max Aub. Cuando el escritor murió, en 1972, estaba interminado. Sus desarrollos parciales sumaban miles de páginas, además de los que probablemente derivarían de las cintas grabadas, los recortes de periódicos, las fotografías, las películas y las entrevistas transcritas a cientos de personas que eran parte de la monumental investigación. La edición parcial de los materiales de ese retrato colectivo del cineasta, que en realidad era el de la generación a la que también perteneció el escritor, recayó en primer lugar en Federico Álvarez, quien seleccionó los materiales e hizo el prólogo del libro póstumo titulado Conversaciones con Buñuel seguidas de 45 entrevistas con familiares, amigos y colaboradores del cineasta aragonés; esta obra, publicada en Madrid por Aguilar en 1985, tiene 564 páginas en tipografía muy apretada. Veintitantos años después, Carmen Peire acometió el plan de terminar la obra y, siguiendo esquemas que preveían la estructura del producto final encontrados en los manuscritos de Aub, presentó un nuevo libro póstumo, Luis Buñuel, novela; publicado en Granada por Cuadernos del Vigía, cuenta con 604 páginas, pero además incluye un disco compacto en el que se reproducen algunas de las muy divertidas conversaciones grabadas entre Buñuel y Aub.

Una de esas conversaciones, transcrita de otra forma en las páginas 162-166 de la compilación de Álvarez, es sobre los sueños. Días antes de la grabación, Aub había pedido a Buñuel que pensara en lo que le pareciera más significativo sobre ese tema. Buñuel llegó con un largo documento del que leyó los siguientes veinte sueños, cada uno de los cuales se había repetido, según él, “entre cinco a docenas de veces” en “los últimos quince o veinte años”:

  1. Algo con un tren. Una estación. El tren se va a marchar. Llego con mis maletas y pum, se me ha ido.
  2. Precipicios. Ya sea en una montaña, una sima, un edificio muy alto. Me paralizo en un sitio con un pequeño revólver. A veces logro descender o me despierto. Antes me tiraba y no me pasaba nada porque digo “estoy soñando, me tiro”. Ahora no me atrevo a tirarme.
  3. Mi padre y mi madre viven. Sé que están muertos. Siento una gran emoción dolorosa y al mismo tiempo tengo compasión por ellos. Sobre todo por mi padre. Tengo compasión de decir “está muerto” y disimular. Está muy serio a la mesa y digo cualquier cosa. Yo sé que está muerto, qué lástima.
  4. Debo intervenir en una representación teatral y no me sé el papel. Veo una habitación inmensa, con butacas, un escenario, la gente en el escenario. Aún no ha llegado el público y no me sé el papel. Empieza la representación, me escabullo, quedo muy mal. ¿A quién van a poner en mi lugar?
  5. Fornicación dificultada. Me observan los vecinos por la ventana o no encuentro el sexo, o el sexo está obturado. Una chica que me gustó mucho hace cuarenta años está por allá con tres hermanos en el balcón… Tengo la mujer aquí, corro las cortinas, pero no, no puedo fornicar.
  6. No tengo trabajo ni puedo encontrarlo. Voy a buscar trabajo, es imposible, no me lo dan. Angustia, desesperación.
  7. No tengo dinero y no me atrevo a pedirle a mi madre. Me angustia.
  8. Espectros en la casa de mi infancia. Está oscuro, tengo miedo, de pronto hay un síntoma de espectro, un ruido, sillas.
  9. Unas aguas tibias, un poco aceitosas, inmóviles, glaucas, están junto a la selva. Yo estoy en el agua y nado pacíficamente, casi floto. Un gran silencio, todo inmóvil. Tengo miedo, pero una sensación de voluptuosidad al mismo tiempo.
  10. Arañas. Llego a un sitio, me acuesto, empieza a salir un montón de arañas.
  11. Fieras. Voy a una corrida de toros y se escapa uno por corredores. Me persigue un toro, cierro una puerta, pero es muy potente.
  12. He sido cómplice de un asesinato. Yo maté a alguien en combinación con unos amigos hace ocho años o diez. De pronto me entero de que a uno de los cómplices míos lo ha detenido la policía. Se ha encontrado un brazo del muerto. Pánico de que la policía me descubra.
  13. En medio de una música enternecedora, extraordinaria, maravillosa, se me aparece la Virgen, la Mater Purísima, con el manto azul y blanco. Me sumerjo en una emoción dulcísima. Creo comprender por el sentimiento, no por la razón, ciertos misterios de la religión. Me dura mucho tiempo la emoción de ese sueño. Es el único que tengo positivo.
  14. En una calle, me encuentro un amigo. “¿Qué haces por aquí? Te he visto con Pepito…” “Pero ¿cómo? Pepito murió hace quince años…” “Ah, pues tienes razón, cómo lo he encontrado aquí.” Llega una chica con túnica blanca. Con una gran ternura nos besamos. Está muerta. Son dos muertos.
  15. Me veo con mi perro Pipi, un perro callejero al que quería mucho. Me ladra como pidiéndome algo. Al despertar siento gran angustia, piedad infinita por Pipi. Es que el perro murió.
  16. Defecación en público. Estoy en Reforma o en los Campos Elíseos defecando. No sé qué hacer, ¿qué hago yo, me levanto, me voy? Me las paso negras.
  17. Tempestad, lluvia, rayos. Busco cobijo en una posta, en una quinta bonita. Entro a una habitación y me pasan cosas. Siguen los rayos, la tempestad.
  18. Hago levitar objetos o personas, imponiendo mis manos.
  19. Engaño a mis padres. Voy en cuarto de Bachillerato y no lo puedo terminar. Los exámenes van a ser pasado mañana. No he ido a clases en los últimos meses. No he ido a clases de historia universal, de geografía. ¿Y qué hago ahora yo? Ya tengo mi edad. Ya tengo una manera de ganarme la vida. Mi padre ha muerto ya. Voy a decir a mi madre que se vaya a paseo, que se fastidie.
  20. Autofellatio. No me puedo succionar el miembro. El tronco debe ser muy pequeño en mi sueño, porque puedo perfectamente llegar, pero no me produce ningún placer. No me gusta. Qué suerte, digo yo, porque yo mismo succionarme… me da vergüenza.

II

Debo a la cortesía de Juan Bonilla el que mi nombre aparezca junto al de Buñuel en la credencial del Ateneo Español de México: tengo el privilegio de compartir número de socio con él. Esta coincidencia es quizá el motivo por el que el cineasta aparece con frecuencia en mis sueños. Uno, reciente, es éste:

Participo en una pastorela que se representa en las calles de un pequeño pueblo. En una de sus jugarretas típicas, Buñuel me disfraza de demonio. Sin preguntarme nada, me pone un par de alas blancas de utilería, cuernos y un traje color rojo. No estoy muy convencido de querer actuar ese papel, pero él me da un empujón para salir a la calle. Ahí descubro que puedo volar, un poco torpemente, con esas grandes alas. Buñuel me ordena entonces atacar (ficticiamente, claro) a un individuo. Sólo que éste, al verme, se aterroriza a tal punto que huye corriendo del lugar, sin importarle abandonar su papel en la representación. Un poco sorprendido de causar ese efecto, me mantengo en vuelo. De pronto, aparece otro demonio, que me ataca ferozmente. No parece una actuación, ni un juego. Siento que mi vida está en peligro. Un acercamiento al rostro sonriente de Buñuel revela que está muy contento con todo esto. Yo, no tanto.

Publicado por angelmiquelrendon

Nací en Torreón, Coahuila, México, en 1957. Soy historiador del cine y escritor. Trabajo en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

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