Cartas cruzadas a propósito de «Che» Ferrati, inventor de Carlos Noriega Hope
Una de las iniciativas importantes de Carlos Noriega Hope como director de El Universal Ilustrado fue la edición de la serie La Novela Semanal. Entre septiembre de 1922 y diciembre de 1925 aparecieron ahí, todos los jueves, piezas narrativas que se distribuían junto con cada nuevo número de la revista. El número 25 de esa serie correspondió a una obra del propio Noriega Hope, «Che» Ferrati, inventor, subtitulada “La novela de los studios cinematográficos” y dedicada al director Rex Ingram, “el pequeño demonio irlandés del cinema”.

Esta primera obra mexicana de ficción más o menos extensa (64 páginas) en la que el cine aparecía como tema central salió el 19 de abril de 1923. El autor regaló poco después un ejemplar a Manuel Palavicini, pariente del político y periodista tabasqueño Félix Fulgencio Palavicini, quien había sido fundador del periódico El Universal en 1916 y del semanario El Universal Ilustrado en 1917. Como resulta evidente por los documentos que aquí se reproducen, Noriega Hope coincidió con el joven Palavicini en un viaje por tren en el occidente del país. Y una de sus pláticas dio lugar al malentendido que se expresa en este irritado intercambio epistolar –un malentendido frecuente en la literatura que tiene que ver, entre otras cosas, con la noción de autoría. Los documentos se conservan en el Fondo Rafael Heliodoro Valle de la Biblioteca Nacional de México.





«Che» Ferrati, inventor fue incluida por Noriega Hope, con otras narraciones suyas, en El honor del ridículo, publicado en los Talleres Gráficos de El Universal Ilustrado en 1924. El libro llevaba un prólogo de Salvador Novo en el que se leía:
Sus amigos acusan a Carlos Noriega Hope de tener mal carácter. Magnífica cualidad de escritor. Sin ella, el hombre amable se conforma con lo que mira y no podemos esperar de él ningún arreglo imaginario del mundo; cuando escriba este hombre, nada nuevo nos hará ver y aun melificará tanto las cosas que nos será imposible probarlas. En cambio, la soledad voluntaria reintegrará a su mundo creativo al escritor de mal genio, que guardará de la vida su imagen propia y la receta de su salud (…)
La epopeya, hoy imposible de leer, se ha vuelto, como la larga novela, cine sintético y visual. Este arte animado ha restado (¿por qué no transformado?) a la literatura una de sus manifestaciones, y ha sucedido que, lo que el breve poema moderno es a la oda, es el cuento a la larga novela. No nos interesa ya toda la historia y es bueno que así lo entiendan los cuentistas; queremos su detalle importante, el cuadro, no el panorama. Queremos, además, que quien narra nos deje el privilegio del comentario y no aparezca en escena para cohibir nuestro juicio (…)
Encuentro en Carlos Noriega Hope todavía una cualidad más. (…) hablará más a nuestro espíritu quien nos hable naturalmente, como él lo hace, y quien no nos cuente sus cosas, que no nos importan, sino cómo ve el mundo. Si logra que lo veamos como él, que le concedamos la razón, habrá cumplido con su misión y habrá dado a nuestras poéticas letras la seria manifestación de la novela y el cuento, que tanto nos faltan.
Como muestra de su calidad y su vigencia, la novela de Noriega Hope ha sido incorporada a Cine y literatura: veinte narraciones (UNAM, 2009) y otras antologías recientes.
Enlaces
http://www.elem.mx/coleccion/datos/2959
https://heliodorovalle.iib.unam.mx/