De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

David N. Arce en sus libros

Hijo del juez Luis Niño y de la señora Pascuala Arce, David estudió en la primaria “Antonio Alzate” de la Ciudad de México y después en la Escuela Nacional Preparatoria a la que, como consta en los registros escolares conservados en el Fondo Universidad Nacional (IISUE, UNAM), se inscribió con trece años en marzo de 1917. El orden de lista lo llevó a sentarse en ésta junto a un recién llegado a la capital y con el que de inmediato trabó amistad, Salvador Novo, quien recordó en su libro de memorias La estatua de sal (Conaculta, México, 1998, p. 77) que los dos adolescentes abandonaban con frecuencia la escuela para irse a pasear por una ciudad que los fascinaba. También los unía ya la afición por la poesía y, en general, por la cultura impresa. Al igual que su amigo, Niño Arce optó en su vida profesional por actividades relacionadas con ésta: se especializó en la recitación pública de poemas, ejerció el oficio de biblioteconomista estudiado en la Universidad Nacional, y escribió periodismo cultural y ensayos.

En cuanto a lo primero, hay testimonios de que David ofrecía recitales a fines de los veinte y que lo siguió haciendo al menos hasta los cuarenta. En un programa de diciembre de 1941 que se conserva en el Fondo “Rafael Heliodoro Valle” de la Biblioteca Nacional de México, se muestra el registro abarcado por el declamador: desde Gutierre de Cetina, Lope y Góngora, hasta José Martí, Nicolás Guillén, Federico García Lorca, y sus amigos Alfonso Reyes, Rafael Heliodoro Valle y Elías Nandino; en el programa se reproducían estas palabras de José Vasconcelos: “No soy un aficionado a los recitadores, la mayor parte de ellos me hace sufrir. Pero me gusta la dicción clara de David y su expresión estética.”

En lo que se refiere a la biblioteconomía, diversos documentos en el mismo fondo indican que Niño Arce se tituló a fines de 1934; que cinco años después fue invitado a colaborar en la organización técnica y la catalogación de las 16 sedes de la Oficina de Bibliotecas Populares del Departamento del Distrito Federal; y que a principios de los cuarenta ya se encontraba trabajando en la Biblioteca Nacional, de la que fue designado Secretario en mayo de 1947 y a la que permaneció adscrito hasta su muerte en 1966. En una nota en memoria del colega publicada en las páginas 95-96 del Boletín de la Biblioteca Nacional en julio-diciembre de ese último año, Ignacio Osorio Romero escribió que pocos habían estado tan íntimamente ligados como él a la vida presente de esa institución, y destacó su trabajo dirigido a la reorganización y el funcionamiento del viejo edificio de San Agustín, pero también a “la elevación intelectual de este centro de cultura” a través de la programación de conferencias que eventualmente él mismo impartía, y de la edición del Boletín de la Biblioteca Nacional, cuyos ejemplares preparó cuatro veces al año desde 1950 hasta 1962. Uno de los principales colaboradores del Boletín de esos tiempos fue naturalmente David: ahí aparecieron unas cuarenta reseñas bibliográficas suyas y los textos de sus conferencias. Esta vertiente laboral también fructificó en la elaboración de minuciosas bibliografías de López Velarde, Vasconcelos, Novo y Torres Bodet, entre otros escritores, así como en la publicación de catálogos, índices y artículos técnicos sobre el oficio del biblioteconomista. Un encargo importante en su edad adulta fue la actualización de la información, en cuanto a estrenos y representaciones teatrales realizadas en la capital en el larguísimo periodo de cincuenta años entre 1911 y 1961, para la reedición de la Reseña histórica del teatro en México de Enrique de Olavarría y Ferrari (Porrúa, 1961), prologada por cierto por Novo.

Junto a estas actividades, David (con el apellido paterno reducido a una N) Arce, colaboró escribiendo crónicas culturales en El Universal Gráfico, Zócalo y otras publicaciones; algunas de esas notas sobre música, pintura, teatro, danza, poesía, fiestas populares, calles e iglesias se reunieron luego en los libros Cartas y apuntes (Gráficos Herber, 1952), Girándula (Jus, 1954) y Tambor de plata (Jus, 1957). El escritor dedicó ensayos más largos a sor Juana, José Rubén Romero, Alfonso Reyes, Alfonso Méndez Plancarte, Alfredo Maillefert y el malogrado poeta Leopoldo Ramos.

Ángel Miquel Alcaraz, mi padre, tuvo el privilegio de convertirse en amigo de David al poco de exiliarse en México en 1949. Los dos consideraban la poesía como un bien de primera necesidad y eran –en un sentido profundo– gente de paz. Esa amistad determinó que David escribiera prólogos a dos obras de Ángel, el poemario Gozo y cantar (Gráficos Herber, México, 1953) y el libro de prosa poética Ángel Francisco (Ediciones Cauce, Torreón, 1960, con dibujos a la tinta de Josefina Maynadé). También determinó que David le regalara, antes de morir, una pequeña muestra de su biblioteca particular.

Esos objetos, encuadernados bellamente, tienen personalidad, y avisan en el lomo el nombre de su propietario, ratificado con el autógrafo en las primeras páginas. Los títulos, además de los gustos de una época, manifiestan la sensibilidad del lector. Entre los poemarios se encuentran: Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y Otros poemas de Rubén Darío (Mundo Latino, Madrid, 1920, con ilustraciones de Enrique Ochoa); Poemas intemporales de Porfirio Barba Jacob (Editorial Acuarimántima, México, 1944, con un grabado en madera de Leopoldo Méndez); Selección de sus poemas de Germán Pardo García (Editorial Cvltvra, México, 1936, con un dibujo de Julio Prieto), y Tiempo de Blanca Terra Viera (s/e, Montevideo, 1948). Y entre las novelas: Pan y Soñadores de Knut Hamsun (Biblioteca Nueva y Mundo Latino, Madrid, s/f y 1921); El embrujo de Sevilla de Carlos Reyles (s/e, Madrid, 1927); La Nardo de Ramón Gómez de la Serna (Ediciones Ulises, Madrid, 1930) y La “tournée” de Dios de Enrique Jardiel Poncela (Biblioteca Nueva, Madrid, 1932). La pequeña colección incluye el ensayo Corydon. Cuatro diálogos socráticos sobre el amor que no puede decir su nombre, de André Gide (México, s/e, 1946).

Grabado en madera de Leopoldo Méndez

Xochitepec, Morelos, 28 de abril de 2020

(Una primera versión de este texto apareció en el Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, vol. XXII, núms. 1 y 2, primer y segundo semestres de 2017, pp. 91-93)

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Publicado por angelmiquelrendon

Nací en Torreón, Coahuila, México, en 1957. Soy historiador del cine y escritor. Trabajo en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

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