Tres raras antologías poéticas
La biblioteca digital en construcción “Rarezas documentales y literarias (siglos XIX y XX)”, que alberga la plataforma del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, tiene como uno de sus principales propósitos, según se nos dice en la sección que la presenta, “detonar el interés o la curiosidad del lector por ciertos autores y objetos documentales, en algunos casos poco conocidos” y que caben en general bajo el concepto de “raros y curiosos”. Después de hacer placenteros paseos por ese espacio virtual, debo decir que ese propósito se ha cumplido con creces en el lector que soy.
Esta biblioteca tan particular contiene libros digitalizados desde sus cubiertas hasta la última página, además de una gran cantidad de documentos acerca de esos objetos y de quienes los crearon. Se incluyen textos introductorios sobre las piezas seleccionadas, que justifican su elección para el corpus y dan cuenta de su historia; semblanzas de los autores, con retratos incluidos, que ubican sus obras tanto en su producción personal como en el contexto de la cultura de su tiempo; una descripción física exhaustiva de los ejemplares que se reproducen, conservados en la Biblioteca Nacional; y finalmente índices temáticos que cruzan la información de todo el recurso, y permiten realizar búsquedas relativas a la historia de la literatura, la edición y el patrimonio documental. Y todo esto en una estructura que permite, como se dice, “una navegación amigable”, que invita a transitar plácidamente de una pantalla a otra siguiendo la guía del “interés o la curiosidad”.
Las rarezas en este espacio abarcan hasta ahora obras de quince autores que estuvieron activos en un rango temporal que va desde mediados del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX. Se reproducen de forma íntegra 18 libros; el más antiguo tiene fecha de 1850 y el más reciente de 1921. Llama la atención el origen diverso de esos volúmenes, editados en México, París, Madrid, Lisboa, La Habana, Orizaba o Veracruz. Complementan esta recuperación fascículos de revistas o fragmentos de obras relacionadas de algún modo con los libros escogidos, por ejemplo, al ofrecer información de sus autores como traductores, antólogos, prologuistas o editores, o que simplemente dan cuenta de sus aficiones, como el espiritismo o la vocación de polemizar con otros.
La mayor parte de lo reunido hasta ahora se refiere a la poesía. Hay poemarios individuales y antologías que recogen obra de diversa procedencia; también traducciones de poemas del latín, del francés y del inglés, así como un libro vertido del castellano a esta última lengua. Los libros de poetas mexicanos son, de acuerdo con el principal criterio de selección de la biblioteca, de autores raros, curiosos y más bien desconocidos como el veracruzano José María Esteva, el chilango Francisco M. de Olaguíbel, el zacatecano Enrique Fernández Ledesma o el oaxaqueño Ignacio Mariscal.
En lo que sigue me referiré a tres de las antologías presentes en “Rarezas documentales y literarias”. Las tres fueron publicadas en la segunda década del siglo XX.

Musas de Francia, de Balbino Dávalos, apareció en 1913 en Lisboa. El libro abre con un soneto en versos alejandrinos en el que el colimense Dávalos, de importante trayectoria como escritor, diplomático y académico, manifestaba su profunda admiración por la poesía francesa. Y a esa pieza siguen traducciones suyas de 55 poemas de 18 escritores (una mujer incluida): Gautier, Soulary, Leconte de Lisle, Baudelaire, Prudhomme, Coppée, Verlaine, Guérin, Rollinat, Richepin, Augier, Tailhade, Samain, De Regnier, Fuster, Vacarescu, Génin, Bouvelet. Organizada de forma cronológica por fecha de nacimiento de los autores (el primero, Théophile Gautier nació en 1811 y el último Henri Bouvelet, en 1888), la muestra recorre las escuelas del romanticismo, el parnasianismo, el simbolismo, el decadentismo y algunas de sus derivaciones. Los poemas se reproducen sin introducción general ni notas que los contextualicen o den información sobre sus autores, por lo que la publicación original se orientó sobre todo al disfrute de la lectura. Desde luego, ahora es también indicio de características de la época que sugieren posibles aproximaciones desde los campos que estudian las cambiantes formas de traducir versos, la influencia de la cultura francesa en México o la historia de la edición de obras mexicanas en el extranjero, entre otras posibilidades.
Resulta muy curiosa la incorporación a Musas de Francia de un poema de Auguste Génin. Don Silvio Zavala hizo una breve descripción de la vida y la trayectoria de este autor, de la que tomo los siguientes datos (“Auguste Génin mira a los franceses en México”, Diálogos, julio-agosto de 1981, pp. 5-7). Nacido en la Ciudad de México de padre francés y madre belga, Génin se afanó por difundir en Francia la historia, la etnología, las letras, la arqueología, las artes y el folclore de su país natal. Su obra más importante en este sentido fue Les Français au Mexique du XVIe siècle à nos jours, publicado de manera póstuma en París en 1933. Entre las secciones de ese grueso volumen en las que desfilan hombres de negocios, navegantes, sabios, cocineros, gente de teatro y militares, no podía faltar una dedicada a los “soñadores, extravagantes e irregulares” galos, “en general inofensivos, pero fuera del común”, que pasaron por estas tierras en ese largo periodo. El poema incluido por Dávalos refleja bien la compenetración de Génin con su segunda patria: se titula “La tristeza del ídolo. Poema azteca”.

Otra obra a la que quisiera referirme es la “Antología con noticias biográficas, críticas y bibliográficas” Poetas nuevos de México, de Genaro Estrada, publicada en 1916 por la capitalina Ediciones Porrúa. Como se lee en su introducción, este libro tuvo como propósito “presentar en grupo armonioso y definitivamente consagrado a los poetas nuevos de México”, es decir, intentó impulsar o al menos participan en el establecimiento de un canon. Y eso ocurrió, en parte, pues entre los autores seleccionados por Estrada (treinta hombres y una mujer) se encontraban Amado Nervo, José Juan Tablada, Ramón López Velarde y Alfonso Reyes, pobladores más o menos permanentes de linajes canónicos. Sin embargo, la mayor parte de los antologados ya no tuvo presencia en posteriores historias, recuentos, libros de texto o colecciones como la Galería de poetas nuevos de México de Gabriel García Maroto (Madrid, La Gaceta Literaria, 1928) o Antología de la poesía mexicana moderna (México, Ulises, 1928) de Jorge Cuesta. Lo que por supuesto hace de esos autores candidatos ser incorporados a “Rarezas documentales y literarias”(de hecho, algunos ya están aquí).

La tercera pieza que quiero destacar es la Antología de poetas muertos en la guerra (1914-1918), de Pedro Requena Legarreta y Antonio Castro Leal, que apareció en la Ciudad de México con el sello Cultura en 1919 como adaptación de una obra más amplia, el Cancionero de la Gran Guerra, publicado en español en Nueva York un año antes. La obra fuente, dividida en tres tomos, ofrecía traducciones hechas por Requena de poetas de Francia y Bélgica (tomo 1), Inglaterra (tomo 2) y Alemania y demás países (tomo 3). Cuando se hizo la adaptación editorial, bajo un nuevo título, el traductor había fallecido, por lo que el prologuista Castro Leal y el editor Agustín Loera y Chávez seleccionaron sólo las piezas de escritores muertos pertenecientes al bando que se había decantado como victorioso, desechando las de quienes no murieron y también las de autores del bando perdedor. Ese criterio permitió añadir a escritores estadunidenses, que no aparecían en el Cancionero, pero al mismo tiempo impidió la reproducción de traducciones del alemán, entre las que podemos imaginar que había de escritores de primera línea como August Stramm, Ernst Stadler y Georg Trakl; por otra parte, tal vez por disentir del tono general del volumen editado en México, en el que se destacan el valor y la heroicidad de los combatientes, tampoco aparecen en la selección poemas de Wilfred Owen, inglés hoy más apreciado que los que se incluyen, quien al describir la trágica crudeza del conflicto en el que murió se acercaba a una insólita para su tiempo postura pacifista.
Pedro Requena fue el traductor de todas las piezas. Nació y pasó sus primeros años en México, estudió en Estados Unidos y viajó por Europa; escribió versos que fueron reunidos de forma póstuma y publicó un libro con paráfrasis del Gitánjali de Rabindranath Tagore, de quien fue amigo. Quienes lo trataron coincidieron en que su fallecimiento temprano –en Nueva York, de gripe española a los 25 años–, privó a la literatura mexicana de un gran escritor. Gracias a él conocemos ahora a Alan Seeger, quien nació en Nueva York en 1888 y vivió durante los primeros años del siglo XX en México; cito de la nota que lo presenta: “El joven Seeger se dedicaba entonces a los pintorescos placeres de los domingos, a buscar en los puestos de libros de viejo algún ejemplar raro o curioso y, contagiándose de los vicios del país, publicaba un periódico literario que nunca aparecía en su fecha.” Y no sólo eso, pues “Su estancia en México y su viaje por varias regiones de la república, tuvieron gran influencia en su poesía. El cuadro del paisaje de sus poemas es bien mexicano y hasta hay en su canto un movimiento melódico aprendido de seguro en nuestra tierra.” Por si fuera poco, Seeger escribió versos en inglés sobre Cuauhtémoc y Texcotzinco. Así, podemos considerar a este poeta muerto en la batalla del Somme en 1916, apenas cinco años mayor que Requena y probablemente conocido suyo, como uno de los raros y curiosos autores susceptibles de ser incorporados a esta colección.
Tanto Musas de Francia como Antología de poetas muertos en la guerra fueron eventualmente reeditadas en papel. El libro de Estrada no, a pesar de ser uno de los primeros intentos por cartografiar la producción poética del naciente siglo XX. De cualquier forma, conviene tener disponibles las tres ediciones originales, además del cúmulo de sólida información proporcionado por los editores de la biblioteca. Quiero destacar entre éstos, naturalmente, a mi amigo Pablo Mora, escritor raro y curioso cuya impronta marca este proyecto tanto por la selección de los autores como por la orientación predominante del recurso hacia la poesía: no por nada coordinó y editó Los raros y los otros (autores y ediciones), publicado por el Instituto de Investigaciones Bibliográficas en 2023, y es autor de los espléndidos poemarios Dirección hidráulica (Juan Pablos y Ediciones sin Nombre, 1997), Arengas de altiplano (Ediciones sin Nombre, 2006) y Estrofas de amor y estrago (Trilce, 2017).



