Cines y cinéfilos

PELIMEX y la Primera Semana del Cine Mexicano en Madrid

El auge de la producción cinematográfica en México durante los años cuarenta fue acompañado por un sistema de distribución muy eficiente. De una parte estaban las distribuidoras privadas, entre las cuales sobresalían norteamericanas como Columbia y Paramount, y locales como Sotomayor y América; por otra, estaban las de carácter gubernamental Películas Nacionales, que atendía la demanda en el país, y Cinematográfica Mexicana y Películas Mexicanas (PELIMEX), enfocadas en el extranjero.

PELIMEX se orientaba hacia el mercado iberoamericano. Tenía filiales en Guatemala, San José, Bogotá, Santiago, Caracas, Lima, Quito, La Paz, Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, San Juan y Madrid, y algunas de esas oficinas contaban a su vez con sucursales o agencias en otras ciudades (por ejemplo, en Brasil las había en Sao Paulo, Porto Alegre, Belo Horizonte, Recife, Salvador y Curitiba). Las alrededor de 80 películas de estreno distribuidas cada año por la empresa se exhibían en un circuito constituido por un centenar de cines de Latinoamérica, España y Portugal, algunos de los cuales proyectaban únicamente material mexicano. En su muy detallado análisis de la industria, Federico Heuer afirmó por eso que PELIMEX tenía la red de distribución de películas mexicanas “más poderosa y completa” de Iberoamérica y que era “quizá la empresa comercial mexicana con mayores ramificaciones y mejor asentada en el extranjero”. Esa red procuraba buena parte de los ingresos que, junto con los provenientes de Estados Unidos y otros países, representaban aproximadamente el 35% de las recaudaciones de la cinematografía nacional, una de las cinco industrias captadoras de divisas más importantes de la época.

A partir del segundo lustro de los cuarenta, varias distribuidoras se disputaban las exitosas películas mexicanas en España. Entre ellas destacaban la Hispano-Mexicana Films (o Hispamex) de Olallo Rubio, y Suevia, del gallego Cesáreo González, que había tenido el logro de contratar de forma permanente a una de las principales estrellas mexicanas, María Félix. Es posible que debido a esa bien estructurada configuración comercial, la presencia de PELIMEX en ese país se retrasara respecto a la que tenía en los países latinoamericanos. Independientemente del motivo, no hubo películas distribuidas por la empresa en España hasta bien entrados los años cincuenta.

De acuerdo con lo investigado por Juan José Daza del Castillo, a partir de 1955 llegaban a los cines de Madrid entre 15 y 20 películas mexicanas cada año. Realizadas por directores como Fernando de Fuentes, Emilio Fernández, Alejandro Galindo, Roberto Gavaldón, Gilberto Martínez Solares, Juan Bustillo Oro, Ismael Rodríguez y Juan Orol, tenían como principales atractivos la presencia de intérpretes muy conocidos. El preferido por los espectadores peninsulares era sin duda Cantinflas. Su popularidad se incrementó en este periodo al exhibirse sus obras Abajo el telón (1954) y El bolero de Raquel (1957) pero, sobre todo, al aparecer en la muy taquillera producción estadunidense La vuelta al mundo en ochenta días (1956), que indujo el fenómeno inusitado de que se reestrenaran otras películas mexicanas suyas: Ahí está el detalle (1940), Ni sangre ni arena (1941) y Romeo y Julieta (1943). María Félix, también muy admirada en la Península, tuvo presencia en este lustro en las cintas mexicanas Camelia (1954), La Escondida (1956) y Tizoc (1957), así como en la francesa French Can-Can (1954) y la española Faustina (1957). Otras figuras mexicanas que aparecieron entonces con frecuencia en cintas exhibidas en Madrid fueron Pedro Infante, Libertad Lamarque, Silvia Pinal, Tony Aguilar y Tin Tan.

Dada su trascendencia internacional, Cantinflas tenía un contrato de distribución con Columbia Pictures, por lo que PELIMEX no podía acceder a las cintas de estreno suyas. Pero en su primer catálogo distribuido en España, correspondiente a la temporada 1956-1957, la empresa ya ofreció a los exhibidores un conjunto muy atractivo, en el que había cuatro producciones recientes con Pedro Infante, dos con Libertad Lamarque, dos con Tin Tan, dos con Tony Aguilar, una con María Félix y una con Silvia Pinal. Y eventualmente, también puso en circulación películas viejas del popular Mario Moreno.

Las cintas de la distribuidora comenzaron a llegar a los cines madrileños en agosto de 1957. De entonces en adelante, PELIMEX tuvo cada vez mayor peso comercial en el mercado peninsular. Entre sus actividades promocionales destacó, en octubre de 1960, la organización de un programa con siete obras que, en alianza con la Asociación de la Prensa de Madrid, se exhibieron en un céntrico salón.

Anuncio, ABC, 12 de octubre de 1960, p. 12.

El periodista Miguel Ródenas hizo una nota sobre Café Colón; publicada en la página 75 de ABC el 19 de octubre de 1960, decía:

Ayer fue ofrecida la penúltima proyección de la Semana del Cine Mejicano que ha patrocinado la Asociación de la Prensa de Madrid. Había cierta expectativa por conocer esta película de Benito Alazraki, uno de los mejores directores del actual cine azteca. Café Colón viene a ser una especie de Último cuplé, esa concesión a la nostalgia que se permiten hasta las cinematografías más serias. En esta ocasión, la historia sentimental y las canciones alternan su puesto en la pantalla con las incursiones de las fuerzas revolucionarias de uno y otro bando en plena lucha revolucionaria. Hay escenas de indudable acento humorístico y otras planteadas con mayor rigor. Cuando la película se encauza por aquellos derroteros, gana en calidad. Cuando los personajes se ponen serios, la pierde. En conjunto, el balance es favorable a Benito Alazraki, realizador nada vulgar, que trata de dar un matiz personal, alejado del tópico, a un argumento de escasa originalidad (…)

Café Colón es, ante todo y sobre todo, María Félix. Su belleza resplandece, llena la pantalla, absorbe. Se le ha escrito, además, un papel a la medida, y está graciosa. Le van muy bien estos personajes temperamentales, ingenuos, de “vampiresa” que termina siendo atrapada en las redes que ella misma ha tendido. Tiene ocasión, además, de cantar y de lucir un numeroso y cuidado vestuario. Está en su elemento. Con ella, Pedro Armendáriz, en un papel que tampoco le es desconocido, se muestra sobrio y buen actor.

Gabriel Figueroa ha sacado buen partido del color. Su mano se nota en el excelente gusto con que se han fotografiado muchos planos. De todo lo dicho se desprende que Café Colón acierta en la diana comercial. Es una película que se ve bien y que se oye sin fatiga, gracias a unos diálogos picantes y no exentos de picardía.

Publicidad de PELIMEX para España, años sesenta.

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Fuentes

Federico Heuer, La industria cinematográfica mexicana, edición del autor, México, 1964, pp. 37-44.

Ángel Miquel, Crónica de un encuentro. El cine mexicano en España, UNAM, México, 2016, pp. 132-142.

Juan José Daza del Castillo, 75 años de estrenos de cine en Madrid, tomo II, 1949-1958, Ediciones La Librería, Madrid, 2015.

Enlaces

Publicado por angelmiquelrendon

Nací en Torreón, Coahuila, México, en 1957. Soy historiador del cine y escritor. Trabajo en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

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