1940-1945: películas mexicanas en Madrid / películas españolas en la Ciudad de México
Como en otros lugares, en México y España las industrias del cine sonoro se edificaron durante los años treinta. Poco a poco se descubrieron los géneros que resultaban populares, a los que se asociaron estrellas; al crecer, las empresas productoras comenzaron también a distribuir sus películas en el propio territorio. A mediados de la década, cuando las dos industrias ya desarrollaban mecanismos de distribución internacional, se desató la Guerra Civil en España. Por eso no fue sino hasta el término de la contienda cuando se establecieron relaciones permanentes entre aquéllas, a pesar de que el gobierno de México no reconoció al gobierno que se impuso en la Península, por considerarlo ilegítimo. La afortunada circunstancia de contar con libros en los que se hace el registro puntual de la exhibición de películas en las capitales de los dos países permite valorar algunos aspectos de esas relaciones.
Debe recordarse, en lo que sigue, que una de las formas de medir el desempeño comercial de una película para las épocas en que no se hicieron registros de taquilla es a través del recuento de los días que permaneció en su cine de estreno, y que se considera exitosa una exhibición de dos semanas continuas, y muy exitosa a partir de tres semanas.
Mexicanas en Madrid
De las 31 películas mexicanas que se pusieron en cines madrileños en este lustro la más destacada fue, con mucho, Allá en el Rancho Grande (Fernando de Fuentes, 1936), que tuvo 119 días de exhibición en el Cine Imperial, donde se estrenó el 3 de junio de 1940. Al desempeño comercial extraordinario que la llevó a permanecer 17 semanas en ese recinto, siguieron innumerables funciones en otros espacios madrileños y de las demás ciudades españolas, lo que la convirtió en la película más vista de ese año en la Península, y la más popular de entre las llegadas de México hasta entonces. Dos años después, Al son de la marimba (Juan Bustillo Oro, 1940) logró superar a Rancho Grande al permanecer 140 días o 20 semanas en el Palacio de la Prensa, donde se estrenó el 15 de junio de 1942; sin embargo, su recorrido posterior por recintos secundarios y provinciales fue menos exitoso que el de la obra de Fernando de Fuentes.
Tres películas mexicanas tuvieron en este lustro la muy considerable duración de entre siete y ocho semanas en sus cines de estreno: Huapango (Juan Bustillo Oro, 1937), 57 días; El gendarme desconocido (Miguel M. Delgado, 1941), 50 días, y Jalisco nunca pierde (Chano Urueta, 1937), 49 días. Otras siete se mantuvieron entre tres y cinco semanas: Allá en el trópico (Fernando de Fuentes, 1940), 35 días; Los tres mosqueteros (Miguel M. Delgado, 1942), 28 días; Ni sangre ni arena (Alejandro Galindo, 1941), 28 días; Cara o cruz (Águila o sol, Arcady Boytler, 1937), 26 días; Ora Ponciano (Gabriel Soria, 1936), 21 días; Bajo el cielo de México (Fernando de Fuentes, 1937), 21 días, y Ahí está el detalle (Juan Bustillo Oro, 1940), 21 días. De las diez producciones de este conjunto, cinco fueron comedias rancheras y cinco comedias urbanas estelarizadas por Cantinflas, lo que muestra la preferencia del público madrileño por esos géneros del cine en lengua castellana.
Otras siete obras provenientes de México fueron exhibidas durante dos semanas en sus cines de estreno. Sumadas a las que acaban de mencionarse, integran un conjunto de 19 películas que tuvieron desde un éxito moderado hasta un excelente desempeño. Que más de la mitad de las exportaciones lograra esto revela que ya se habían establecido circuitos de distribución que evadían los obstáculos derivados de la falta de relaciones diplomáticas entre los dos países, y en los que se ponían en práctica criterios de selección y estrategias publicitarias eficaces.




Españolas en la Ciudad de México
De las 21 películas españolas estrenadas en la capital en los cinco primeros años de los cuarenta, la que más tiempo permaneció en su cine de estreno fue El escándalo (José Luis Sáenz de Heredia, 1943), con cinco semanas en el Cine Olimpia desde el 12 de octubre de 1945. Tres semanas duraron en el Cine Alameda y el Cine Bucareli, respectivamente, Goyescas (Benito Perojo, 1943, estreno el 18 de mayo de 1944) y La Virgen del Rocío ya entró en Triana (La blanca Paloma) (Claudio de la Torre, 1942, estreno el 23 de agosto de 1945). Y dos semanas Te quiero para mí (Ladislao Wadja, 1944, estreno en el Cine Olimpia el 24 de noviembre de 1944); Doce lunas de miel (Ladislao Vadja, 1943, estreno en el Cine Bucareli el 31 de mayo de 1945) y Un marido a precio fijo (Gonzalo Delgrás, 1942, estreno en el Cine Olimpia el 31 de agosto de 1945).
El que sólo la cuarta parte de las cintas españolas exhibidas en la Ciudad de México en este lustro tuviera un mediano desempeño comercial expresa que esa oferta de producciones románticas, folklóricas y musicales no resultó atractiva para el público, y también, quizá, la falta de estrategias promocionales eficientes.

La comparación de las recepciones en las dos capitales muestra que en este periodo México llevó a España más películas, y que éstas tuvieron, en conjunto, mayor popularidad. Esto a su vez revela la ventaja que la industria mexicana tenía ya sobre la española en cuanto a mecanismos de distribución, y, en otro sentido, en cuanto al atractivo comercial de sus productos. Lo que no resulta extraño si se considera que la última fue decisivamente afectada por la Guerra Civil en el periodo previo, y que la primera se benefició con la incorporación a sus filas de numerosos exiliados provenientes de esa industria rota.
Referencias
Juan José Daza del Castillo, 75 años de estrenos de cine en Madrid, tomo 1: 1939-1948, Ediciones La Librería, Madrid, 2014.
María Luisa Amador y Jorge Ayala Blanco, Cartelera cinematográfica, 1940-1949, UNAM, México, 1982.
Ángel Miquel, Crónica de un encuentro. El cine mexicano en España, 1933-1948, UNAM, México, 2016.