Notas sobre Viridiana
Las películas con intérpretes o personajes españoles y mexicanos comenzaron a hacerse en los años veinte, con el claro propósito, rara vez cumplido, de distribuirse en los cines de los dos países. Sin embargo, por distintos motivos –entre ellos la irrupción, el desarrollo y las consecuencias de la Guerra Civil española– la primera coproducción entre las industrias se realizó hasta 1948, cuando el director Fernando de Fuentes se trasladó a la Península con intérpretes y técnicos para filmar Jalisco canta en Sevilla. Esta comedia folklórica, que entremezclaba rasgos de las películas rancheras con otros de las españoladas, inauguró una era de colaboraciones comerciales realizadas en un contexto en que no existían relaciones diplomáticas entre los dos países. Entre 1948 y 1977 (cuando éstas últimas se restablecieron) se filmaron unas ciento diez coproducciones hispano-mexicanas, la mayor parte con historias de amor hechas para el lucimiento de estrellas peninsulares como Carmen Sevilla, Lola Flores, Joselito, Marisol y Sara Montiel, y mexicanas como María Félix, Jorge Negrete, Pedro Armendáriz, Dolores del Río, Arturo de Córdova y Pedro Infante.
En la década de los cincuenta fue cuando se afianzaron las vías para capitalizar los cuerpos estelares, el oficio de los directores y la experiencia de los equipos técnicos de las dos cinematografías. De forma paralela, se fortalecieron las rutas comerciales que permitían llegar cintas mexicanas a España y cintas españolas a México. Todo esto explica que se autorizara a Luis Buñuel filmar Viridiana (1961) en España. El cineasta había regresado por primera vez en 1960 a su tierra, luego de haber tenido que exiliarse un cuarto de siglo antes, a consecuencia de la derrota republicana en la Guerra Civil. De la veintena de obras hasta entonces realizadas por él, sólo una, Las Hurdes (1932), había sido hecha en la Península. Casi nadie recordaba ya sus cintas surrealistas y de su filmografía mexicana sólo se habían proyectado en España Gran Casino (1946) y El gran Calavera (1949), aunque el nombre del director, como el de otros exiliados del medio cinematográfico, casi no se mencionaron en la publicidad ni en la crítica. En 1960 Buñuel era, así, prácticamente desconocido por el público español. Por otro lado, en las oficinas cinematográficas se estaba seguramente al tanto de su trayectoria y de sus opiniones políticas contrarias al régimen, pero debe haberse calculado que, en el contexto del acercamiento entre las industrias, podía recuperarse para el cine nacional a ese importante realizador, al tiempo que controlar el contenido de su película a través del aparato de censura.
Buñuel conoció en Madrid a Gustavo Alatriste, empresario mexicano quien le ofreció producir en España una obra en la que apareciera la que era entonces su esposa, Silvia Pinal. El cineasta estaba encantado con la propuesta, pero aceptó a condición de hacerla en coproducción con la Unión Industrial Cinematográfica (UNINCI), de la que era presidente el director Juan Antonio Bardem. El motivo era en parte político. Buñuel no deseaba enemistarse con sus compañeros de emigración al filmar en España, y trabajar con UNINCI representaba para él una buena coartada pues, como escribió en su libro de memorias Mi último suspiro, Bardem era “conocido por su espíritu de oposición al régimen franquista” (p. 273). Podía así presentarse ante los exiliados, más que como uno que había doblado las manos al aceptar las condiciones de la dictadura, como uno que había vuelto a la patria a participar con otros españoles en la lucha contra aquella.
Según Alberto Elena, Viridiana fue la película número 40 en la que estuvieron involucrados productores de los dos países desde Jalisco canta en Sevilla (pp. 297-298). La censura sólo observó al guion un desenlace presuntamente inmoral, que Buñuel transformó en otro más ambiguo y susceptible de una interpretación aún más transgresora. La trama cuenta la historia de la novicia española Viridiana (Silvia Pinal), quien deja temporalmente el convento para asistir a su tío (Fernando Rey). En la casa de campo de éste ocurren acontecimientos que alejan definitivamente a Viridiana de su vida conventual, al volverse un poderoso imán erótico para los hombres del lugar.
Procesada y editada en Francia, la película fue inscrita en 1961 al Festival de Cannes, donde se exhibió el último día de la competencia. Entonces la vio el periodista Miguel Pérez Ferrero o Donald, quien hizo una nota en la que consignó: “Viridiana ha sido una bomba (…) que a todos ha asombrado y ha provocado extraordinaria polvareda polémica, al punto de que todas las demás películas se han olvidado en las discusiones (…) y sólo se habla, cruzándose las opiniones más encontradas, apasionadamente de ella”. (ABC, 19 de mayo de 1961, p. 63) La cinta obtuvo la Palma de Oro en conjunto con una producción francesa. El director de la oficina cinematográfica franquista expresó su satisfacción porque una obra española hubiera ganado ese importante reconocimiento por primera vez. Pero el corresponsal del diario del Vaticano manifestó su indignación ante el premio a una película que conjugaba erotismo, deseos incestuosos, un suicidio y una considerable cantidad de imágenes que podían interpretarse como blasfemas. Alertadas por esas opiniones, las autoridades españolas requirieron la cinta, que se proyectó en el cine privado de la residencia oficial de El Pardo el 4 de julio de 1961. El consenso entre quienes la vieron fue que debían prohibirse sus proyecciones y ponerse un castigo ejemplar a los involucrados en su producción. Entre las consecuencias enumeradas por José María Caparrós y Magí Crusells en su libro Las películas que vio Franco (y que no todos pudieron disfrutar) estuvieron las siguientes: el director de Cinematografía fue destituido; se prohibió la exhibición de la cinta y se le retiró la nacionalidad española, quedando desde entonces sólo como obra mexicana; con la excusa de haber llevado los negativos a Francia sin haber gestionado el permiso de exportación, se impuso a UNINCI una sanción económica que llevó a su ruina; la prensa española recibió órdenes de no comentar el escándalo y se pidió al cuerpo diplomático que ejerciera presiones en el extranjero para intentar prohibir la difusión de la película, lo que entre otras cosas provocó que en Bélgica se mutilaran sus copias y en Italia se impidieran sus proyecciones y se condenara a Buñuel a un año de cárcel si pisaba tierra italiana (pp. 139-140).



Las presiones llegaron también a la industria mexicana de cine, como muestra el siguiente episodio rescatado por la investigadora Alicia Salvador. En octubre de 1961 el cónsul español en San Francisco escribió a su ministro de Asuntos Exteriores que había intentado sin éxito impedir la exhibición de Viridiana en el Festival de Cine de esa ciudad; en cambio, había logrado despertar la simpatía de un destacado asistente a esa reunión, el director y distribuidor mexicano Ismael Rodríguez:
Me dijo que no encontraba palabras para calificar la actitud del director Luis Buñuel y del productor Gustavo Alatriste (…) quienes habían sorprendido la buena fe de las autoridades cinematográficas españolas y no habían tenido una actitud honorable (…) Posteriormente (…) puso de relieve las cordialísimas relaciones que mantienen los productores mejicanos con el mundo del cine español (…) e indicó que creía que cualquier sugerencia de España sobre la exhibición de Viridiana en México haría que ésta no se pasase en dicha nación, ya que los productores mejicanos no permitirían se enfriaran las cordiales relaciones existentes por la proyección de la mencionada película. Me dijo: “enviamos a España de treinta a treinta y cinco películas todos los años y no permitiremos nunca que surjan problemas”. (Documento citado en pp. 247-248)
Puesto que no existían relaciones diplomáticas entre España y México, no hubo a fin de cuentas presiones directas para intentar prohibir la exhibición de Viridiana. Por otra parte, el premio obtenido en Cannes y la admiración profesada por los cinéfilos de México al director y la cinta obraron como manto protector contra posibles acciones hostiles de integrantes de la industria local. Los exiliados consideraron, en efecto, que Buñuel había ido a su patria como guerrillero. Y Viridiana se estrenó sin problemas en los cines del país.
Escribió el historiador Emilio García Riera: “…si las películas de Buñuel son tanto mejores cuanto mayor es la carga afectiva puesta en ellas por el director, Viridiana resultó su obra más enamorada hasta ese momento, o sea, su mejor obra” (p. 93). Es posible que la caridad, el amor y el deseo que los personajes manifiestan en la cinta fueran una expresión indirecta de las emociones suscitadas por el regreso del director a su patria. Como dijo José de la Colina en conversación con él: “Se ve que ese encuentro con España, al cabo de tanto tiempo de ausencia, fue afortunado para usted y lo imantó para los hallazgos” (p. 216). El propio Buñuel escribió, en un texto leído antes de una presentación de su cinta en México y reproducido en el catálogo de una exposición dedicada a él comisariada por Elena Cervera y Javier Espada:
El motivo de haber ido a España a realizar el film es muy simple: amo mi país de origen. Por añadidura, pude trabajar en el film con libertad (…) El argumento lo escribí en México (…) ya que el primer propósito era el de realizar Viridiana aquí. Mas, al ponerme en contacto con la tierra española de la que salí hace veinticinco años, hube de dar nueva forma y dirección a mis ideas asaltado por multitud de imágenes y vivencias entrañables. De ahí sin duda el profundo españolismo que muchos creen descubrir en Viridiana. (p. 174)
Aunque eventualmente se permitió a Buñuel volver a filmar una película en la Península, Tristana (1969, de producción francesa), Viridiana no fue perdonada en tiempos de la dictadura. En enero de 1976, cuando una vez muerto Franco se generalizaba la petición de amnistía para quienes habían sido proscritos por sus posturas políticas, Ricardo Muñoz Suay (quien había sido productor de la cinta por UNINCI) escribió: “Que la amnistía para los encarcelados y para los exilados sea lo más perentoria (…) Pero en cuanto al cine se refiere también es urgente que se inicien medidas rectificadoras.” Y añadía: “Yo no sé si a Buñuel le importará tener hoy pasaporte español, pero en todo caso hay que recordar a los olvidadizos que si posee uno mexicano es porque durante años y años fue un exiliado más. Y, por otra parte, si una de sus obras más singulares, Viridiana, sigue prohibida, no nos bastan las palabras reconfortantes de hoy, si no van acompañadas de hechos inequívocos.” (p. 316) La prohibición continuó hasta abril de 1977, cuando la película pudo estrenarse en España, luego de más de tres lustros de haber sido hecha.
Fuentes
Luis Buñuel, Prohibido asomarse al interior, José de la Colina y Tomás Pérez Turrent entrevistadores, Imcine, México, 1986.
Buñuel, Luis, Mi último suspiro, tercera edición, Plaza y Janés, Barcelona, 2001.
Caparrós, José María y Magí Crusells, Las películas que vio Franco (y que no todos pudieron disfrutar). Cine en El Pardo (1946-1975), Cátedra, Madrid, 2018.
Elena Cervera y Javier Espada (comisarios), Buñuel entre dos mundos, Conaculta, México, 2008.
Alberto Elena, «Medio siglo de coproducciones hispano-mexicanas», en Eduardo de la Vega y Alberto Elena (eds.), Abismos de pasión: Una historia de las relaciones cinematográficas hispano-mexicanas, Filmoteca Española, Madrid, 2009.
Emilio García Riera, Historia documental del cine mexicano, tomo 11, Universidad de Guadalajara / Gobierno del Estado de Jalisco / Imcine / Conaculta, Guadalajara, 1993.
Ricardo Muñoz Suay, Columnas de cine, Filmoteca Generalitat Valenciana y Fotogramas/Video, Valencia, 1998.
Alicia Salvador, “UNINCI y México. Unas coproducciones conflictivas”, en De la Vega y Elena (eds.), Abismos de pasión.