De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

Huellas de Ramón Novarro en España, Francia y Gran Bretaña

El duranguense Ramón Samaniegos llegó a Hollywood en 1916. Después de trabajar como extra en decenas de películas, interpretó al fin un primer papel en El prisionero de Zenda (Rex Ingram, 1922). A partir de entonces fue conocido como Ramón Novarro, y con este nombre artístico se convirtió en uno de los actores que más provecho producía a la Metro-Goldwin-Mayer, sobre todo luego de hacer el papel protagónico en Ben-Hur (Rex Ingram, 1925). Con el español Antonio Moreno y el francés Adolphe Menjou, Novarro encarnó en la segunda mitad de los años veinte el grupo principal de latin-lovers del sistema de estrellas norteamericano, que en 1926 perdió (de peritonitis) a su principal figura masculina, el italiano Rodolfo Valentino.

La transición del cine mudo al sonoro a finales de la década, que tuvo profundas consecuencias entre el gremio de actores al terminar con la carrera de muchas primeras figuras, no resultó problemática para Novarro, pues tenía una voz agradable y educada. La productora comprobó que el actor funcionaba bien en las películas parlantes e incluso probó sus cualidades como cantante en la cinta sonora pero aún sin diálogos El pagano (W.S. van Dyke, 1929); en ella fue muy exitosa –y se reprodujo en discos– la “Canción de amor” escrita por Arthur Freed y Nacio Herb Brown, quienes compusieron el mismo año “Cantando bajo la lluvia”.

En 1930 se asignó al mexicano el papel principal de Call of the Flesh, así como de su adaptación en castellano Sevilla de mis amores. Esta última, que marcaba la primera actuación de Novarro en su lengua materna, también representó su primer trabajo como director, secundado en esto por el chileno Carlos F. Borcosque; actuaban en ella los peninsulares Conchita Montenegro, Luana Alcañiz, Rosita Ballesteros, María Calvo, José Soriano Viosca y Martín Galarraga, y la adaptación del argumento era del mexicano Ramón Guerrero, tío de Novarro. Este “drama emocionante del ascenso de un joven cantor a las cumbres de la fama como estrella de la ópera, y el patético conflicto entre su amor por una mujer y el anhelo de la gloria”, como se resumió en una nota aparecida en el diario barcelonés La Vanguardia el 14 de abril de 1931 (p. 23), derivaba claramente del argumento de El cantante de jazz, la cinta de la Warner Brothers dirigida por Alan Crosland e interpretada por Al Jolson que había revolucionado en 1927 el comercio del cine demostrando el enorme atractivo de las historias con canciones para el público.

El español Miguel de Zárraga dio cuenta del estreno de Sevilla de mis amores en Madrid reconociendo que, si bien hasta entonces se habían hecho unas pocas películas de calidad en la lengua de Cervantes, ésta representaba “la primer obra española, de asunto español y personajes españoles, hablada en español” (ABC, 22 de octubre de 1930, p. 11). El periodista salvaba la aparente incongruencia de que director y argumentista fueran mexicanos afirmando que, aunque Novarro y Guerrero habían estado en la península sólo en viajes de recreo, tenían antepasados españoles y Ramón dos hermanas monjas en un convento de Madrid, además de gran afición por las obras de creadores peninsulares como los hermanos Álvarez Quintero. De Zárraga defendía de esta forma su legitimidad para referirse a España, ya que por motivos familiares y culturales la conocían hasta al menos el punto de no correr el riesgo de repetir los errores, simplificaciones y anacronismos que caracterizaban a las españoladas del cine hollywoodense. A pesar de las limitaciones de ambientación de los estudios californianos, Sevilla de mis amores le parecía por eso “digna y plausible”, y afirmaba que “dos españoles que hiciesen una obra mejicana no estarían, seguramente, más acertados que estos dos mejicanos (…) al ofrendar a España este homenaje”. En particular, le había gustado la actuación Novarro, quien

…canta y baila en andaluz, toca las castañuelas, se cala el sombrero ancho, se envuelve en la pañosa y habla en sevillano típico, con bastante más gracia y hasta mejor acento que la vasca Conchita Montenegro, la gallega Rosita Ballesteros y el catalán Martín Garralaga. ¡Que si no todos los hispanoamericanos hablan a nuestro gusto el español, tampoco todos los españoles, por el simple hecho de ser españoles, pueden hablar bien el andaluz!

La imagen de Novarro se había reproducido desde varios años antes en los stills de sus películas aparecidos en periódicos y revistas especializadas como Magazine Fílmico de México; Cine Mundial de Estados Unidos; Cinegraf de Argentina, y Arte y Cinematografía, Popular Film y Cinegramas de España. Además de esas imágenes, el mecanismo del sistema de estrellas hollywoodense había producido una gran diversidad de textos, entre los que hubo novelizaciones de los argumentos de sus películas y notas, entrevistas y biografías de distintas longitudes que a veces aparecían como piezas separadas en folletos y libros a los que acompañaban dibujos y fotografías. El lanzamiento de Sevilla de mis amores en la Península dio lugar a un nuevo despliegue publicitario de su figura, en el cual figuró incluso una reposición de Ben-Hur sonorizada. Entonces se diseñaron y editaron, entre otras obras gráficas, los siguientes programas de mano.

Programa de mano para exhibición en España, 1930. Archivo-colección Lluís Benejam.
Programa de mano para exhibición en España, 1930. Archivo-colección Lluís Benejam.

La recién adquirida habilidad de Novarro le permitió expandir su carrera hacia las
representaciones escénicas en vivo, en programas que solían incluir piezas del repertorio operístico y popular tradicionales. Así, entre marzo y julio de 1933 realizó una gira con presentaciones en teatros de Francia y Gran Bretaña. Al emprenderla, Novarro se encontraba en uno de los puntos más altos de su carrera, tras el éxito de Mata-Hari (George Fitzmaurice, 1931), en la que compartió primeros créditos con la célebre belleza sueca Greta Garbo. No es extraño por eso que el anuncio de la presencia en esos países suscitara la creación de nuevas muestras publicitarias, entre las que estuvieron tarjetas postales, carteles con caricaturas y un folleto ilustrado con decenas de imágenes.

Tarjeta postal francesa de la serie Chantal, c. 1933. Colección particular.
Publicado en Revista de Revistas (México), 11 de junio de 1933, con el siguiente pie: “Caricatura de Ramón Novarro que en grandes carteles tapiza los bulevares de París”.
Publicación francesa de 1932. Colección particular.

Por supuesto, todos estos materiales tenían como principal objetivo llegar a las manos de las miles de personas que en todos los países donde se distribuían películas de Hollywood se habían entusiasmado con la figura de la estrella. Como consta en un álbum personal de la época hecho en Inglaterra, algunas de ellas estaban ávidas por poseer incluso las evidencias periodísticas más pequeñas de su trayectoria.

Álbum de recortes de diarios ingleses, 1933. Colección particular.

Xochitepec, Morelos, 13 de julio de 2021

Imagen incluida en Jean Talky, Ramón Novarro. Don Juan sans aventures…, Editions Nilsson, París, 1932. p. 19.

Texto adaptado de mi libro Crónica de un encuentro. El cine mexicano en España, 1933-1948 (UNAM, México, 2016, pp. 33-38).

Publicado por angelmiquelrendon

Nací en Torreón, Coahuila, México, en 1957. Soy historiador del cine y escritor. Trabajo en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

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