De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

Mimí Derba, escritora

Herminia Pérez de León Avendaño (1893-1953) adoptó desde joven el seudónimo de Mimí Derba con el que fue conocida en México por los aficionados a diversos medios artísticos. Junto con María Conesa, Lupe Rivas Cacho, Rosario Soler, Esperanza Iris y María Caballé integró un grupo de populares ejecutantes de zarzuelas, operetas y revistas en los años diez y veinte; asociada con el cineasta Enrique Rosas, creó la productora Azteca Film, de la que en 1917 salieron cinco cintas largas, cuatro actuadas, dos escritas y una dirigida por ella; incorporada al cuerpo de intérpretes secundarios imprescindibles para la industria del cine sonoro, apareció repetidamente en papeles que fueron desde la dueña del burdel en Santa (Antonio Moreno, 1931) hasta la suegra de Nora en Casa de muñecas (Alfredo B. Crevenna, 1953), pasando por interpretaciones de monja, virreina, dama de sociedad, hacendada, maestra y, de manera muy conocida, la orgullosa abuela de Chachita en Ustedes los ricos (Ismael Rodríguez, 1948).

Durante largos años sus actividades en la escena o el foro fueron seguidas por cronistas de espectáculos de publicaciones como Zig-Zag, Cine Mundial, Revista de Revistas y El Universal Ilustrado, quienes hacían notas sobre su desempeño o la entrevistaban para que el público conociera sus opiniones acerca de cuestiones tan diversas como el matrimonio, los toros, la literatura, el cine. Miguel Uribe, Francisco de Lavillete y otros fotógrafos reprodujeron su imagen en postales “típicas” donde se la veía ataviada con trajes de española o mexicana, o bien en piezas que servían para popularizar textos de canciones o de románticos poemas. Su personalidad inspiró versos a letrados admiradores como Antonio Guzmán Aguilera, José Antonio Muñoz o Alfonso Camín, este último autor de la pegajosa rima:

Mimí Derba, Mimí Derba,

con tres partes de Afrodita

y una parte de Minerva.

Postal, c. 1925

Por otra parte, en La tórtola del Ajusco, que apareció en 1917, el seguramente despechado escritor Julio Sesto enmascaró la figura de Mimí bajo el nombre de Fémina Ponce, guapa actriz de zarzuela que, en tiempos de la Revolución, era raptada, violada y degollada el día de su boda por un militar. El sensacionalismo de esa novela estimuló su reedición en varias ocasiones y también su adaptación al cine en la película del mismo título dirigida por Juan Orol en 1960.

Portada de la cuarta edición, El Libro Español, 1951
Lobby-card de la película, 1960

Las actividades escénicas y cinematográficas de Mimí Derba fueron complementadas por una faceta menos conocida como escritora. Sus primeros textos fechados, que se hicieron públicos poco después de su debut como cantante a fines de 1912, revelaban la impronta de su madre, la bilbaína Jacoba Avendaño. Esta culta mujer, quien le inculcó los hábitos de la lectura y la escritura, había publicado la novela Los plagiarios (Tipografía y Encuadernación de Ireneo Paz, 1906) aparecida también como folletín en El Popular. Este mismo diario lanzó la más breve El doctor Marcheli, y en los años que siguieron la empresa de Paz acogió sus obras nuevas Los hijos de la cuna (1907) y Fantástica (1908), al tiempo que reeditaba Los plagiarios. En 1920 apareció en Gabriel Botas La hija del ministro, su última novela. Las relaciones entre madre e hija eran muy cercanas, como consta en la dedicatoria a El doctor Marcheli:

Herminia:

A pesar de tu cortísima edad, has leído con interés las páginas que han sido en mis largas horas de tristeza y soledad mis amigas, las que han disipado en parte la espesa bruma de mis pesares, las que me han ayudado a llevar con resignación la pesada carga de mi existencia. A ellas debo algunos momentos de olvido y las considero, o más bien: son las hijas de mi pensamiento como tú eres la hija querida de mi alma. Ámalas, son tus hermanas. Son flores silvestres, sin brillo ni perfume, pero tú, lo sé bien, las acogerás con cariño y las conservarás, no por su valor, pues ninguno tienen, pero sí por venir de tu madre, que con ellas te envía la mitad de su corazón. (El Popular, 26 de agosto de 1906, p. 3)

Anuncio, El Popular, 25 de agosto de 1906, p. 4. Hemeroteca Nacional de México
Portada de la primera edición, Gabriel Botas y Cía., 1920

Durante el tercer lustro del siglo, la creciente popularidad de Mimí en el mundo de la zarzuela le abrió las puertas de las revistas culturales de la colonia española Bohemia de La Habana y Rojo y Gualda y Castillos y Leones de la Ciudad de México. En ellas diseminó breves textos que, a sugerencia de algunos amigos, antologó a fines de la década en el folleto Páginas sueltas, al que en 1921 añadió una segunda sección para integrar el libro Realidades. La obra llevaba esta dedicatoria:

Madre querida:

Que estas primeras flores de mi alma lleguen a ti con el perfume y la belleza que quise imprimir en ellas al escribirlas; que te lleven algo del cariño inmenso que para ti guardo y, sobre todo, que con ellas guardes amorosamente mi recuerdo.

Realidades recogía una treintena de piezas escritas entre 1913 y 1920, es decir, entre los veinte y los veintisiete años de la autora. Las agrupadas en la sección Páginas sueltas tenían como tema el análisis de las relaciones amorosas de muchachas con sus novios, esposos o amantes; en la segunda sección, Perfiles trágicos, se delineaban las siluetas de un poeta suicida, un fifí cocainómano, un solterón alguna vez rico y venido a menos, una muchacha frívola, un avaro incapaz de ayudar a su sirvienta en la atención a un hijo moribundo, una niña que iba a dar al convento desencantada por la desvergüenza de su hermana mayor, unas tiples envilecidas y solas… En buena parte de esos textos, el personaje de una mujer experimentada –inequívocamente identificada con la autora– daba consejos o recomendaciones a jóvenes inexpertas a través de cartas o en charlas de café.

Todas esas historias se ubicaban en un ámbito, el de la clase media capitalina, en el que podían percibirse las reglas en apariencia inamovibles de costumbres que orillaban a las mujeres los únicos destinos del matrimonio y la maternidad o de la anulación social, mientras que procuraban a los hombres privilegios que, en muchos casos, los envenenaban o corrompían. Es muy probable que tuvieran los mismos enfoque y tono la pieza dramática Al César… estrenada en 1915; los argumentos de las películas En defensa propia y En la sombra, ambas de 1917; las novelas cortas La mejor venganza y La implacable publicadas en la colección La Novela Semanal de El Universal Ilustrado en 1923, y algunos argumentos de radionovelas escritos en los años treinta. A caballo entre el romanticismo y el naturalismo, esos textos descubrieron a Derba como una fina observadora de comportamientos en los ámbitos que conocía y, como ha escrito Liliana Pedroza en su introducción a un volumen reciente de cuentos de mujeres en el que se incluye una pieza de Mimí, dieron cuenta de que le interesó abordar “temas de interés político desde una perspectiva de género”, en particular las formas tradicionales de reacción femenina “frente al matrimonio y la maternidad como destino, la convivencia conyugal, la infidelidad”.

Programa, Archivo Histórico de la Ciudad de México, Ramos municipales, Ingresos, vol. 2692 a
Portada de la primera edición, Tipografía F. E. Graue, 1921

Junto con Elena Sánchez Valenzuela (1900-1950), Adela Sequeyro (1901-1992) y Cube Bonifant (1904-1993), Derba también fue una destacada presencia femenina en el ámbito de la cultura del cine. A través de la opinión y la crítica periodística en revistas y suplementos culturales, o de la participación como actrices, directoras e incluso celosas guardianas del arte silente, estas pioneras contribuyeron a prestigiar esa zona en sus primeras y más difíciles etapas de desarrollo, así como a abrir el estrecho camino por el que andarían poco después, en un medio mayoritariamente masculino, las directoras Matilde Landeta y Carmen Toscano.

Podría considerarse, en fin, que Mimí Derba perteneció por edad, afinidad profesional y amistad al grupo que se expresó en las páginas del semanario El Universal Ilustrado. En él estuvieron, entre otros, Carlos Noriega Hope (1896-1934), Arqueles Vela (1899-1977) y Juan Bustillo Oro (1904-1988), todos picados por los bichos concurrentes de la literatura y el cine. Entre las más destacadas aportaciones de ese grupo a la literatura se encuentra una narrativa influida por las imágenes en movimiento, en cuanto a temas y personajes (El mundo de las sombras y Ché Ferrati, inventor de Noriega Nope, La penumbra inquieta de Bustillo Oro) o en cuanto a ritmo y “montaje” de la escritura (La señorita Etc y Poemontaje de Vela).  En este sentido es una lástima que el cine quedara fuera del campo de intereses literarios de Mimí, quien podría haber hecho una representación vívida de, por ejemplo, las jóvenes que, como ella, se ilusionaron con convertirse en las primeras estrellas de cine; de cualquier forma, por entrevistas sabemos que admiró a las actrices italianas Lyda Borelli y Pina Menichelli, y que en un viaje a Nueva York sintió el inmenso poder del séptimo arte al ver Intolerancia de D.W. Griffith. Por cierto, otro asunto que Derba no trató en sus escritos fue el de la Revolución, que cultivó con maestría su contemporánea Nellie Campobello (1900-1986).

Xochitepec, Morelos, 10 de marzo de 2021

Liliana Pedroza, A golpe de linterna. Más de cien años de cuento mexicano, Tomo 1: pioneras, Ediciones Atrasalante, Monterrey, 2020. Edición de Kindle.

Mimí Derba (Alejandra Moya, 2000)

www.youtube.com/watch?v=RgfxbM5wmR0

Publicado por angelmiquelrendon

Nací en Torreón, Coahuila, México, en 1957. Soy historiador del cine y escritor. Trabajo en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

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