De libros

Presentación de En la imaginaria. Poemas mexicanos de futbol

Este libro publicado en Ediciones Bon Art se presentará el próximo viernes 23 de octubre a partir de las 18:30 horas en la Librería Bonilla de la Ciudad de México (Miguel Ángel de Quevedo 477, Colonia Romero de Terreros, Coyoacán) . Se invita cordialmente a los antologados a asistir para leer sus poemas y al público en general para disfrutar de una tarde de remembranza, inspiración y regocijo futboleros.

Reproduzco la presentación del libro:

Mi amigo Alain Derbez sugirió el título de esta antología, que retoma el término con el que un cronista mexicano designó la franja que en las canchas de futbol se encuentra justo afuera de una de las líneas de banda. En ese espacio alargado, donde los jugadores calientan, estiran los músculos y esperan el momento de entrar al campo, se ensayan movimientos que serán útiles –o no– en las acciones por venir. Esto es también lo que ocurre, en algún sentido, cuando se ponen a prueba las palabras en la zona de la imaginación donde surge la poesía.

Durante mucho tiempo, futbol y poesía no se relacionaron en México más que en los himnos de los clubes, las porras de los equipos y las inspiradas frases de Fernando Marcos, Ángel Fernández y otros cronistas. Los escritores nacidos durante la primera mitad del siglo XX no otorgaron trascendencia cultural a este deporte –ni a ningún otro– y sólo de forma excepcional lo consideraron fuente de inspiración. El cambio se dio a partir de la generación que a grandes rasgos podemos identificar con los nacidos entre 1950 y 1965. Esos escritores se formaron en un medio en el que ya era frecuente encontrar poemas en los que se exploraban asuntos de cultura popular, vida cotidiana y política, en un lenguaje sencillo y directo, cercano al utilizado en la conversación. Esa apertura, que invitaba a incorporar el futbol como tema legítimo de recreación literaria, fue además estimulada por el conocimiento, a través de periódicos, revistas y libros, de excelentes poemas sobre el juego escritos por autores de otras latitudes como Miguel Hernández, Rafael Alberti, Gabriel Celaya, Gerardo Diego, Blanca Varela, Humberto Costantini, Carlos Drummond de Andrade y Vinicius de Moraes.

Pero si los nacidos en esos años comenzaron a escribir versos con este tema fue, sobre todo, porque el futbol se convirtió para ellos, desde la infancia, en un insustituible compañero sentimental. En una revisión retrospectiva, podrían rememorar las emociones asociadas a aprender reglas, participar en cascaritas, llenar álbumes, memorizar alineaciones, hacer revisiones de la tabla de posiciones, jugar en canchas con poco pasto, invertir en apuestas y quinielas, echar porras, asistir en grupo a los estadios, hacer dominadas, pelotear contra un muro, ver encuentros en la televisión, desarrollar colecciones de camisetas, escudos y banderines, e intervenir en acaloradas pláticas de sobremesa, entre otras actividades.

Esta diversa y permanente inmersión en las propias pasiones los llevó a descubrir en el futbol un tema inspirador, en el que se conjugaban algunas de las experiencias más intensas de la vida colectiva: la fuerza y la decadencia, la esperanza y la derrota, la filiación y el antagonismo, el movimiento en el espacio y el paso del tiempo. Sus obras tuvieron por ello un carácter muy diverso, aunque quizá podrían identificarse notas comunes al grupo, como la consideración del futbol como un gozoso territorio de memoria infantil y la referencia al juego como metáfora de la condición humana. Estos escritores fueron testigos, además, de la destilación paralela de una obra narrativa de extraordinaria calidad: los cuentos, crónicas y ensayos sobre futbol de Juan Villoro. Y como premio a su afición, vivieron de cerca, en el propio país, los Mundiales de 1970 y 1986, y algunos disfrutaron también la parte correspondiente a México del de 2026.

Las siguientes generaciones se encontraron así con un espacio cultural legitimado para escribir sobre futbol. Inevitablemente heredaron temas y formas de aproximación, pero les añadieron un toque distintivo, de acuerdo, de nuevo, con las circunstancias en que se moldearon sus experiencias. La más trascendente fue, sin duda, el desarrollo del futbol practicado por mujeres. A esa generosa ampliación de la experiencia correspondió el que haya cada vez más escritoras cuyas perspectivas enriquecen la imagen del deporte. Éstas tienden, por ejemplo, a privilegiar –frente a la mitología heroica que domina buena parte de la producción masculina– la belleza del juego de conjunto, la solidaridad en el campo, las fidelidades familiares y los benéficos efectos de la contemplación colectiva de esa especie de ballet con uniformes que estalla en un grito común. Otra aportación de las generaciones más jóvenes es el cultivo de una vertiente política, en la que el juego es visto como una esfera susceptible de ser intervenida por el Estado, la mercadotecnia, la publicidad y la delincuencia. A esto se suma que quienes escriben hoy ya no tienen el menor empacho en enfocar su creatividad en el futbol de forma sostenida: dos jóvenes, de hecho, publicaron en años recientes los primeros libros dedicados por completo a este juego en el país: Balón de oro de Julio Mejía III (Atrasalante, Monterrey, 2017) y Futbol llanero de Patricia Vázquez (Espina Dorsal, Guadalajara, 2024).

En las dos antologías sobre este tema que conozco, El gol nuestro de cada día. Poemas sobre futbol de Francisco J. Uriz (Vaso Roto, Madrid, 2010) y Un balón envenenado. Poesía y futbol de Luis García Montero y Jesús García Sánchez (Visor, Madrid, 2012), aparecen muchas piezas de escritores españoles, acompañadas por unas cuantas de italianos, suecos, alemanes, argentinos, brasileños o mexicanos. Esta antología ofrece entonces, con sus 56 obras de 30 autores, una panorámica inédita de cómo se ha recreado desde la poesía este juego en México. Se divide en cuatro partes que reflejan las principales aproximaciones hechas hasta ahora. En primer lugar, se reúnen los poemas que celebran el futbol en su dimensión más directa: los nombres, apodos y cualidades de los ídolos; los partidos y jugadas inolvidables. Después vienen muestras de la fascinación por algunos de los elementos que definen al juego: el uso predominante de los pies, el sorteo por la portería, el regate, la finta, el penalti, el tiro al poste, desarrollados a veces a través de pintorescos personajes. Otra sección agrupa piezas en las que se exploran perspectivas íntimas: la memoria infantil, el erotismo, las relaciones familiares cruzadas por el juego. Y en el último conjunto se relaciona al deporte con asuntos de trascendencia política y social, donde éste aparece como lazo de identidad colectiva o espejo de contiendas más amplias.

El libro recoge obras escritas entre los años ochenta del pasado siglo y la actualidad. Este amplio arco de tiempo tiene una correlación espacial, al provenir sus autores de Jalisco, Coahuila, Morelos, Aguascalientes, Chiapas, Zacatecas, Quintana Roo, Nuevo León, Veracruz, Tamaulipas y la Ciudad de México, además de algunos nacidos en otros países y radicados aquí. Al dar cuenta de un fenómeno que lleva varias décadas produciéndose en muy distintos puntos del territorio, la antología manifiesta una tradición consolidada, con sus clásicos y sus figuras marginales, y a la que caracteriza el uso de una terminología, unas imágenes y unos temas específicos. Al mismo tiempo, muestra la existencia de una estimulante conversación en la que, como los jugadores en la imaginaria, se ensayan expresiones, se afinan términos y se espera con ansia el momento de saltar al campo.

Publicado por angelmiquelrendon

Nací en Torreón, Coahuila, México, en 1957. Soy historiador del cine y escritor. Trabajo en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

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