Ciudad de México, 1916: Los misterios de Nueva York en el Salón Rojo
Dirigida por los estadunidenses Leopold y Theodore Wharton y el francés Louis Gasnier, la serie en 36 episodios The Exploits of Elaine fue producida en 1915. Se trataba de una obra de género detectivesco basada en textos del escritor Arthur B. Reeve. En ella Elaine Dodge, la protagonista, se sobreponía episodio tras episodio a los peligros impuestos por distintos villanos, auxiliada por Craig Kennedy, un detective que la admiraba. La obra fue lanzada con el acompañamiento de una campaña que incluía entre sus principales acciones la publicación simultánea de la historia en numerosos periódicos de Estados Unidos y la promoción de la actriz Pearl White.
Como ha señalado Barbara Tepa Lupack, el personaje de la joven Elaine fue uno de los más icónicos de su tiempo:
Valiente y femenina, arrojada pero con sentido del deber, asume una creciente parte en la acción, que a menudo la encuentra en las situaciones alarmantes propias de las series: es raptada, tomada como rehén, drogada, envenenada, sobrepasada físicamente, amenazada y aterrorizada repetidamente por los villanos. Y aún así, encuentra muchas maneras de defenderse. Sin ser tan ruda como para intimidar a los hombres que la ayudan, muestra un espíritu audaz y desafiante, así como una gran destreza física, cualidades que la sitúan por encima de las típicas damiselas en apuros de otras series y le permiten sobrevivir a las amenazas de sus antagonistas.
Gracias a su interpretación de este atractivo personaje, y también al cuidado con que la producción fue realizada y promovida, Pearl White adquirió una enorme celebridad. Sus participaciones en obras previas habían pasado relativamente inadvertidas. Ahora su nombre, su imagen y sus supuestas aventuras dentro y fuera de la pantalla comenzaron a reproducirse con frecuencia en la prensa.

Poco después de haber sido terminada, The Exploits of Elaine se exportó a Francia, donde sus 36 episodios fueron reorganizados y reducidos a 22 por el escritor Pierre Decourcelle. Retitulada como Les Mystères de New-York, tuvo en ese país, como antes en Estados Unidos, un acompañamiento en otros medios al aparecer su historia semanalmente en el periódico Le Matin y al reunirse después como libro. Aunque el nombre del personaje femenino no aparecía en el nuevo título, la prensa francesa colaboró de manera importante en la promoción estelar de Pearl White.
Esa versión en 22 episodios fue la que se exhibió en la Ciudad de México. El estreno de Los misterios de Nueva York en el Salón Rojo inició a fines de mayo de 1916 y culminó a mediados de agosto. A diferencia de lo ocurrido en Estados Unidos y Francia, el lanzamiento no fue acompañado con la publicación de la historia en medios impresos. La relativa novedad del cine estadunidense en la capital llevó a que no apareciera en la publicidad el nombre de la actriz que hacía a Elena, la protagonista, ni a que se la mencionara en las pocas notas que aparecieron sobre la serie.
Curiosamente, quien llamó la atención de un cronista no fue la joven en peligro, ni el detective que la ayudaba a sortearlo, sino un misterioso personaje que encabezaba la organización criminal La Mano que Aprieta. Este villano, interesado fundamentalmente en realizar robos y quien a mitad de la serie se revelaba como alguien que pertenecía al círculo cercano de Elena, fue comparado por Rafael López con otros personajes pertenecientes al mismo género:
Nick Carter, Fantomas y demás elegantes forajidos que se apoderan de lo ajeno (…) son tipos que no carecen de simpatía (…) Despiertan un sentimiento de piedad y sin confesárnoslo nos alegramos que burlen a los agentes y que se escurran de sus manos (…) Tenemos en cuenta que no son excesivamente sanguinarios. Son sensibles a la gracia de las mujeres y a la debilidad de los ancianos (…) Y bien, estos simpáticos bribones están ya muy lejos del arquetipo creado por el protagonista de Los misterios de Nueva York. El jefe de La Mano que Aprieta no podía ser más repugnante, ni más cruel, ni más brutal en el ejercicio de su profesión. Carece de las cualidades que hacían tolerables a sus antepasados, y el abuso con que emplea la ciencia para la realización de sus fechorías, lo vuelve positivamente antipático. (Revista de Revistas, 24 de septiembre de 1916, p. 2)
A pesar de no contar con el apoyo de los mecanismos del sistema de estrellas, Los misterios de Nueva York tuvo gran éxito de público. Esto llevó a un reestreno en el mismo cine a principios de septiembre. Y la serie hubiera continuado con exhibiciones en salones secundarios en las siguientes semanas, de no haber ocurrido una circunstancia inesperada.





En una comunicación fechada el 23 de agosto, el coronel Bernardino Mena, encargado de la seguridad del Distrito Federal, pidió al gobernador, general César López de Lara, que prohibiera la exhibición de las películas policiacas; hacía la petición debido a que éstas servían
…de cátedra para los rateros de la ciudad, pues en los salones se dan cita todos los que no tienen otra ocupación que apropiarse de lo ajeno. Y hay que ver el entusiasmo con que se aplauden los éxitos alcanzados por los rateros cinematográficos, lo que da margen a imaginarse que casi todos los rateros locales están empleando medios que antes no conocían para cometer robos de todas clases y hasta consumar delitos de sangre, poniendo también todos los medios para despistar a sus perseguidores.
Según el coronel Mena, las películas no sólo instruían a los ladrones. Las mismas autoridades corrían el riesgo de ver entorpecidas sus labores indirectamente por ellas, ya que “una partida de jóvenes ha tomado tan a pecho estas vistas, que con un poco de observación se les verá en las principales calles de la ciudad con el aspecto sherlockolmesco, que con pipa, lentes grandes y las manos en los bolsillos, parecen estar preocupados en el descubrimiento de algún delito” (El Pueblo, 5 de septiembre de 1916, p. 1).
La solicitud del policía suscitó apoyos en la prensa. Manuel de la Parra dijo que a la “interesante” propuesta habría que añadir otra perspectiva, pues “aparte de la falta de sentido moral que caracteriza a esas películas, es desesperante la falta de sentido artístico”. De acuerdo con De la Parra, las cintas policiacas mostraban “numerosas faltas a los principios elementales del arte, casualidades imprevistas, burdos enredos y espantosa vulgaridad”. Por eso aplaudía la solicitud de Mena y hacía votos porque la atendiera favorablemente el gobernador (El Nacional, 9 de septiembre de 1916, p. 7).
A principios de octubre, el general López de Lara prohibió la exhibición de Los misterios de Nueva York y otras cintas. Un editorialista aprobó la medida, tras lamentar que al cinematógrafo le hubiera ocurrido lo que antes a la novela, “llegando a lo inmoral», y se hubiera convertido incluso en causa «del aumento de la criminalidad con la exhibición de las vistas llamadas policiacas” (El Pueblo, 14 de octubre de 1916, p. 3).
Naturalmente, hubo quien no estuvo de acuerdo. En diciembre, un periodista escribió que esperaba se reconsiderara la prohibición de Los misterios de Nueva York, “cuya amenidad es extraordinaria y que a pesar de todo lo que se diga, los sistemas de robos, de asaltos y de luchas que presenta no están al alcance de la compresión de nuestros ladrones, los cuales apelan siempre a los recursos más vulgares de robo y asesinato” (El Nacional, 19 de diciembre de 1916, p. 6). El empresario que tenía los derechos hizo por su parte gestiones para solicitar un nuevo permiso de exhibición. Estas iniciativas rindieron resultados positivos y el 15 de febrero de 1917 el Salón Rojo anunció “la reaparición” de la serie. Sólo que ahora, a diferencia de su primera corrida, se anunciaba con el nombre de su protagonista.
La explicación de este cambio radica en que durante los meses en que estuvo vigente la prohibición, el Salón Rojo exhibió The Perils of Pauline (1914), otra serie interpretada por Pearl White. En realidad no se trataba de una secuela, sino de una obra previa, en la que la actriz había interpretado a un personaje muy diferente al de Elaine. Sin embargo, el nombre de Pauline fue cambiado para aprovechar la popularidad del otro, y la serie se exhibió como Las aventuras de Elena. Junto al título aparecía en los anuncios por primera vez el nombre de la estrella, identificada como “la heroína de Los misterios de Nueva York”.

Unas semanas después, el Salón Rojo puso The Iron Claw (1916), un nuevo serial interpretado por Pearl White. El título esta vez fue traducido literalmente como La Garra de Hierro, pero el nombre de la protagonista pasó de Margery Golden a… Elena. Un cronista que firmaba con el seudónimo Film escribió:
De las estrellas del film que hace poco se han impuesto, por sus grandes facultades y excepcional belleza, a esta señorita Pearl White (…) le han encomendado el papel de protagonista de la interesante película La Garra de Hierro (…) El temperamento nervioso de la señorita White la hace estar en carácter en esta película, pues las aventuras emocionantes se suceden a cada momento, y una artista que no tuviera las facultades de la protagonista (…) seguramente tendría que haber recurrido a un trabajo fatigante sin llegar a convencer. Pearl White es la que grabó el principal papel en Los misterios de Nueva York, y no obstante que en esa film todo el público la admiró, se ve su adelanto progresivo en esta película de más reciente creación (El Nacional, 28 de marzo de 1917, p. 3).
Así inició la identificación por el público de México de una de las primeras estrellas del cine de Estados Unidos.
Fuente citada
Barbara Tepa Lupack, Silent Serial Sensations. The Wharton Brothers and the Magic of Early Cinema, Cornell University Press, Ithaca y Londres, 2020, caps. 6 y 7.