Cines y cinéfilos

La primera reedición de las notas de Fósforo

Los escritos periodísticos sobre cine nacieron inmediatamente después de que empezaran a proyectarse películas sobre una pantalla. En México, notables cronistas como Luis G. Urbina, José Juan Tablada y Amado Nervo recibieron al nuevo entretenimiento con todos los honores. Antes de que terminara el siglo XIX, los lectores de la prensa ya habían podido disfrutar de un puñado de espléndidas crónicas en las que esos periodistas recreaban sus experiencias en los salones, describían las características del invento y aventuraban –a veces con sorprendente tino– futuros desarrollos como la adquisición por el cine de sonido y color.

Durante los primeros tres lustros del siglo XX siguieron publicándose eventualmente notas en las que se abordaba al nuevo medio desde distintas perspectivas: ya bien sociológica, al censurárselo como enconado competidor del teatro y otros espectáculos; ética, al atribuírsele una influencia perniciosa sobre las costumbres; e incluso estética, al distinguirse géneros o postularse categorías con las que analizar las singularidades de las películas. Sin embargo, ni las crónicas de los primeros tiempos ni estas aproximaciones más enfocadas en los contenidos de las cintas tuvieron la fuerza de decantar una especialidad periodística.

Esta finalmente surgió hacia 1915, impulsada por dos causas principales: el creciente dominio del lenguaje del cine por parte de los realizadores, que dio lugar a la producción de un número más o menos constante de películas de calidad, y el crecimiento en la longitud de las cintas, que revolucionó los viejos métodos de exhibición a base de cortos y desembocó en la creación del sistema de estrellas. Sólo cuando estos dos factores ocurrieron de manera sostenida, hubo productos que fueron reconocidos de forma unánime como artísticos. Y, por lo tanto, surgió la necesidad de regular socialmente al medio que producía tales objetos a través del juicio imparcial que, en su más elevado ejercicio, proporciona la crítica. Al mismo tiempo, el periodismo cinematográfico atendió desde la sociedad civil las múltiples aristas de un influyente espectáculo que ya había dado lugar a intervenciones regulatorias por parte del Estado y la Iglesia. El detonador de este cambio fue la exhibición, entre 1912 y 1915, de películas de larga longitud hechas con una cuidada producción y provistas de atractivos intérpretes, y algunas de las cuales, además, se prestigiaban al adaptar obras literarias como la Comedia de Dante, Los miserables de Víctor Hugo y Quo Vadis? de Henryk Sienkiewicz.

De esta forma, en el cuarto lustro del siglo los acercamientos periodísticos aislados de la etapa anterior encontraron un cauce en columnas de aparición regular. Esto, más que fruto de iniciativas individuales, fue un proceso cultural posibilitado por las causas mencionadas e impulsado por las casas editoras de periódicos y revistas. En el caso de México, a fines de 1914 y principios de 1915, el diario El Pueblo impulsó esa especialidad con colaboraciones de José María Coellar publicadas bajo el seudónimo de Grillo. En 1916, El Nacional dio cabida a una columna de cine sostenida por Jean Humblot. En 1917, Excélsior contrató a Francisco Zamora (o Zeta) como crítico de películas, mientras que José María Sánchez García elaboraba notas fílmicas para el semanario de espectáculos Mefistófeles, que él mismo dirigía. Mucha mayor trascendencia tuvieron, desde luego, las iniciativas de los diarios El Universal y El Demócrata, que crearon columnas donde Rafael Pérez Taylor (o Hipólito Seijas) y el articulista que firmaba como Perodi, redactaron más de cien notas cada uno sobre este tema entre 1917 y 1919.

En España este proceso de irrupción colectiva del periodismo cinematográfico seguramente se dio de modo similar. Una de las publicaciones donde comenzó a aparecer crítica fue en el “Semanario de la vida nacional” España, creado en enero de 1915 por José Ortega y Gasset, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu y otros intelectuales de o cercanos a la llamada Generación del 98. Desde su primer número, España incluyó la columna “El Cinematógrafo” a cargo de El Espectador, es decir de Federico de Onís. El incipiente crítico no tuvo mayor continuidad y la revista quedó sin colaboraciones sobre cine durante varios meses. Pero a fines de octubre y hasta fin de año, cuando España dejó de aparecer, acogió en sus páginas la columna “Frente a la pantalla”, firmada por Fósforo, seudónimo que, como se sabría tiempo después, enmascaraba a dos mexicanos exiliados en Madrid: Alfonso Reyes y Martín Luis Guzmán.

España, 29 de enero de 1915, p 1. Colección Hemeroteca Nacional Digital de España

España, 29 de enero de 1915, p. 29. Colección Hemeroteca Nacional Digital de España

España, 28 de octubre de 1915, p. 10. Colección Hemeroteca Nacional Digital de España

España, 4 de noviembre de 1915, portada y p. 41. Colección Hemeroteca Nacional Digital de España

España, 30 de diciembre de 1915, p. 10. Colección Hemeroteca Nacional Digital de España

Estos textos han sido analizados en distintos momentos por un buen número de estudiosos; más o menos recientemente, hubo un ciclo de conferencias sobre Fósforo organizado por la Capilla Alfonsina, cuyas sesiones quedaron grabadas en la página de Facebook de ésta. Para no insistir en el análisis del contenido de las notas, quisiera hacer aquí algunos apuntes sobre su primer rescate por sus autores.

En su libro misceláneo A orillas del Hudson, que salió en México en 1920, Martín Luis Guzmán compiló ocho de sus textos aparecidos en España cinco años antes. Reyes tardó un poco más en republicar algunos de los suyos. Esto sucedió en Madrid y marzo de 1922, como reza el colofón de la tercera serie (o el tercer volumen) de sus compilaciones tituladas Simpatías y diferencias. En su caso, fueron 29 textos sobre cine, diez de ellos provenientes de España (1915), otros dieciséis de El Imparcial (donde Fósforo emigró en 1916, ya sin la colaboración de Guzmán) y tres más de la Revista General de Casa Calleja (1918).

Gracias al minucioso trabajo realizado por Manuel González Casanova, de copiar y reeditar las notas originales en su libro El cine que vio Fósforo. Alfonso Reyes y Martín Luis Guzmán (Fondo de Cultura Económica, México, 2003), podemos hacer el ejercicio de comparar los textos republicados con sus fuentes.

Lo primero que puede subrayarse es que tanto Guzmán como Reyes tuvieran el impulso de recoger como obra de escritura personal textos que habían sido sobre todo instrumentos de supervivencia económica. Los jóvenes exiliados, que en 1915 celebraron sus cumpleaños 27 (Guzmán) y 25 (Reyes), tenían necesidades apremiantes, por lo que deben haber visto con alivio y agradecimiento la oferta de los redactores de España para hacer semanalmente la columna “Frente a la pantalla”. Se trataba de un trabajo no muy demandante y que estaba al alcance de lo que se sentían capaces de hacer. Pero una vez puestos a realizarlo lo hicieron con tales gusto e interés que pocos años más adelante lo reivindicaron en uno de los momentos iniciales de su respectiva construcción como autores de libros.

Al comparar las notas rescatadas con sus fuentes se aprecia de inmediato que las de Guzmán difieren de las de Reyes; es decir, los escritores recordaban bien lo que habían hecho y republicaron los textos propios sin adjudicarse los del respectivo colega. Por otra parte, no retomaron todo lo que había aparecido bajo el seudónimo de Fósforo. Aproximadamente una tercera parte de lo publicado no mereció el interés posterior de ninguno de los escritores, quizá por tratarse de notas con información efímera o por haberse tomado de otras revistas. Pero a partir de lo que reivindicó cada quién pueden establecerse algunas diferencias de estilo, o más bien de temperamento, entre los dos autores.

Algo que destaca es la manera de acercarse a los originales, pues si Guzmán reprodujo en A orillas del Hudson palabra por palabra lo que había publicado en España, Reyes se embarcó en Simpatías y diferencias en un laborioso trabajo de edición y corrección de sus notas, en el que se revela ya su propósito de alcanzar una escritura lo más clara y precisa posible. Así, esta primera elección proporciona la imagen de un Guzmán seguro de sí mismo y satisfecho con la plasmación de sus ideas, y de un Reyes inquieto y a la búsqueda de formulaciones más justas de sus propuestas iniciales.

También son muy distintos los textos con que los dos justificaron la recolección de sus escritos. Guzmán se limitó a poner en la sección respectiva de A orillas del Hudson una breve aclaración al pie en la que decía: “Estas notas sobre el cinematógrafo se publicaron en España (semanario madrileño) en 1915. Aparecieron, con otras, firmadas por Fósforo, seudónimo que usamos entonces, indistintamente, Alfonso Reyes y yo.” Y nada más.

En cambio, Reyes prologó las suyas con una larga “Advertencia” en la que se adelantaba a la objeción de incorporar muestras de ese género efímero y a todas luces menor del periodismo a la perdurable condición libresca; ahí, entre otras cosas, decía lo siguiente: “Creo que nuestra pequeña sección cinematográfica (…) inauguró prácticamente la crítica del género en lengua española (…) Entiendo que, por entonces, sólo Fósforo y cierto periodista de Minneapolis, cuyo nombre olvida mi ingratitud, consideraban al cine como asunto digno de las Musas (…) Entonces éramos dos. ¡Dichosos tiempos!”

De esta forma, el regiomontano justificó el rescate de esos textos atribuyendo a Fósforo ese prestigioso rasgo fundacional. Como he sugerido, esa atribución debe ser matizada ubicándola en el contexto del surgimiento colectivo de las columnas de cine en la prensa de Hispanoamérica. Pero hay que reconocer que su estrategia tuvo éxito. Es por eso que Fósforo ha sobrevivido. Es por eso que seguimos hablando de él.

Texto leído en el conversatorio Fósforo frente a la pantalla, celebrado en el Ateneo Español de México el 11 de octubre de 2024, en el que también participaron Lucía Guzmán y Beatriz Saavedra.

Publicado por angelmiquelrendon

Nací en Torreón, Coahuila, México, en 1957. Soy historiador del cine y escritor. Trabajo en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Un comentario en “Cines y cinéfilos

Deja un comentario