Enrique Rivera Calatayud, cronista cinematográfico de La Laguna
A mediados de 1924 la prensa lagunera informó que el ingeniero Enrique Rivera Calatayud, quien se había trasladado a Torreón de su natal Guadalajara y trabajaba en la planta de electricidad Francke, poseía “magníficos aparatos cinematográficos” con los que había ofrecido filmar una corrida de toros “desde que salga al ruedo la cuadrilla hasta que las mulillas arrastren al último astado”. (El Siglo de Torreón, 11 de junio de 1924, p. 1) La oferta no parece haberse concretado, pero unos meses después se anunció el estreno de una cinta del ingeniero, titulada El Día del Algodón, en la que desfilaban “prominentes hombres de negocios, nuestras más guapas damitas, elementos sociales y el pueblo en general”. (El Siglo de Torreón, 25 de septiembre de 1924, p. 1) Se trataba de una obra filmada durante las festividades realizadas en agosto que giraban en torno a la cosecha algodonera, dividida en cuatro partes: desfile de carros alegóricos, entrega de premios por las primeras pacas de algodón, danzas de “moros y cristianos” y lidia de toros por el célebre diestro Rodolfo Gaona, invitado de honor a esas celebraciones. La película mostraba así un festejo colectivo centrado en el logro del más importante producto agrícola local.
Sólo el fotógrafo Julio Sosa había producido antes una cinta en la zona (Torreón gráfico, 1923) y de hecho Rivera contó con el apoyo de éste, quien “la reveló, fijó y copió, cosa que no se había logrado hacer hasta la fecha en la región”. (El Siglo de Torreón, 25 de septiembre de 1924, p. 4) El deseo de hacer películas involucraba así el aprendizaje de los procesos técnicos requeridos para terminarlas. La cinta se estrenó en Torreón y fue recibida con interés en Gómez Palacio, San Pedro de las Colonias y otros lugares. Se escribió que Rivera había obtenido “un inesperado éxito”, pues en pocos meses había “logrado realizar adelantos muy considerables en el difícil arte a que se ha dedicado” y que su primera obra revelaba “lo que este modesto aficionado (…) puede conseguir filmar más tarde, algo que le conquiste fama y dinero”. (El Siglo de Torreón, 25 de septiembre y 8 de octubre de 1924, p. 4 y 5)
Estimulado por la buena recepción de su cinta, Rivera hizo otra pocos meses después, aprovechando un entretenimiento de paseos aéreos promovido por el aviador estadunidense Herbert Kindred. El ingeniero montó en uno de los aparatos para filmar escenas con las que elaboró Veinte minutos en aeroplano sobre Torreón, Gómez Palacio y Lerdo, que incluía una vista de las tres ciudades a 500 metros de altura, la fábrica jabonera “La Esperanza” de Gómez Palacio y el arenal del río Nazas que cruza la zona. La cinta fue elogiada por su peculiar punto de vista, que permitió el registro de las tres poblaciones y de uno de los accidentes geográficos que las vinculan:
No pecó de exagerado el anuncio que se hizo de la última película filmada por el entusiasta aficionado señor ingeniero Enrique Rivera Calatayud, al ofrecerla como el mejor film hecho hasta ahora en la Comarca Lagunera (…) En esta ocasión, el señor ingeniero (…) estuvo sencillamente colosal. La fotografía es impecable y claramente pasan ante los ojos del espectador los bellos panoramas de las tres ciudades laguneras. (El Siglo de Torreón, 29 de enero de 1925, p. 6)
Por los mismos días, Rivera filmó La gran charlotada, en la que registró la actuación de un grupo integrado por cómicos que se hacían llamar Charlot y Llapicera, junto con sus comparsas Los Botones, quienes celebraron en la plaza de toros una corrida bufa. Las dos nuevas cintas se exhibieron juntas a fines de enero de 1925. Como había sucedido con El Día del Algodón, es probable que también se procesaran en los laboratorios de Julio Sosa.
El ingeniero continuó con el registro cinematográfico de sucesos locales al filmar el corto Rotarios versus Bufanda, en el que captó escenas de un partido de futbol celebrado el 30 de mayo; la cinta fue estrenada a beneficio del desarrollo de un parque, acompañada de “selectos números por distinguidas señoritas”. (El Siglo de Torreón, 16 de junio de 1925, p. 6)
El presidente Plutarco Elías Calles pasó por la región en los primeros días de julio de 1925. Era la segunda vez que un mandatario nacional la visitaba luego de concluida la Revolución, sólo precedido por Venustiano Carranza, quien tocó La Laguna en una gira realizada en septiembre de 1919. Calles, sin embargo, había establecido en Torreón su centro de operaciones cuando, en calidad de secretario de Guerra del presidente Álvaro Obregón, estuvo encargado de combatir a los villistas en febrero de 1924. Su nueva visita fue registrada en celuloide por el ingeniero Rivera en El señor presidente de la República en su visita a la Comarca Lagunera. Fue estrenada a fin de mes y aunque los programas no especificaban sus partes, es muy probable que se reprodujeran en ella los actos públicos en que participó el mandatario, que incluyeron una visita a la hacienda La Florida, un banquete en la de Santa Teresa y un baile en el Casino de La Laguna.
Pocos días después de la visita del presidente se llevó a cabo la Feria del Algodón, considerada como uno de los acontecimientos sociales de mayor relevancia celebrado hasta entonces en la zona. Los festejos, una ampliación de las tradicionales premiaciones a los agricultores que entregaban las primeras pacas, se hicieron coincidir con la inauguración del servicio eléctrico de una avenida y con una exposición donde las principales industrias y casas comerciales colocaron puestos con productos que mostraban, en conjunto, el pujante desarrollo de La Laguna; y se empalmaron con la Fiesta de Covadonga de la colonia española y con el tradicional Grito de Independencia, para alargarse por diez días.
Las fiestas y ceremonias fueron registradas por Julio Sosa en una serie de imágenes recogida en un álbum que se conserva. También fueron filmadas por el ingeniero Rivera, pero la cinta resultante no fue conocida pronto, pues sus procesos de edición y revelado duraron varios meses. A su estreno en marzo del año siguiente se anunció que la “colosal película” La Feria del Algodón incluía la coronación de la reina Elvira I, el baile de etiqueta en el Casino de La Laguna, el desfile de carros alegóricos con batallas florales en Avenida Morelos, la corrida y la charreada en la plaza de toros de Torreón, la exhibición de productos industriales y el concurso de trajes infantiles, así como las maniobras de un grupo de soldados en un campo militar “en ocasión de la entrega de su bandera a uno de los batallones”. (El Siglo de Torreón, 6 de marzo de 1926, p. 6) Era la cinta de mayor aliento filmada hasta entonces por el cineasta. Luego de exhibirse en Torreón durante varios días, pasó en Gómez Palacio y otras ciudades.







A medida que las ciudades laguneras crecieron en el periodo posrevolucionario, se fundaron o reorganizaron asociaciones civiles orientadas al estímulo de la convivencia, la mutua ayuda o el servicio público. Una de ellas fue la de los rotarios, que a mediados de 1923 anunció su establecimiento en Torreón como rama de la Internacional Rotaria con sede en Chicago. Se planteó que su principal foco de interés sería el estímulo de las actividades empresariales y las relaciones comunitarias. Una vez reunidos por invitación sus integrantes, el Club comenzó a colaborar en el impulso de obras públicas, una de las cuales fue la pavimentación ordenada de las calles de la ciudad. En 1925, los rotarios se manifestaron en la organización de partidos de un equipo de futbol propio y participaron en la Feria del Algodón con un carro alegórico que llevaba la primera paca de la cosecha. El desarrollo de la sociedad tuvo un punto culminante con la celebración de una convención que, entre el 3 y el 7 de marzo de 1926, reunió en la Perla de La Laguna a “cientos de prominentes personalidades de otras ciudades de la República y de los Estados Unidos”. (El Siglo de Torreón, 24 de marzo de 1926, p. 6)
Diversos episodios de este acontecimiento fueron filmados por Rivera en la película La Convención Rotaria en Torreón. Como de costumbre, el ingeniero organizó de forma cronológica sus materiales, que iniciaban con escenas que registraban la llegada de los visitantes y la inauguración del evento, a las que seguían las de un baile nocturno en el Casino y una verbena, para concluir con retratos colectivos hechos en comidas celebradas en un parque de la ciudad y un rancho cercano. La cinta se exhibió en Torreón, Gómez Palacio y salones de otras ciudades, donde fue solicitada por clubes rotarios. En una nota sobre la obra, un periodista recordó las otras películas de este “operador y director al mismo tiempo”, opinando que si hasta entonces habían dado “resultados medianos” por un manejo inadecuado del ritmo cinematográfico y otros pequeños defectos, gracias a la práctica y el estudio Rivera alcanzaba con la más reciente “un éxito verdadero que será recordado no sólo en La Laguna sino fuera de aquí”; según el autor de la nota, el ingeniero había logrado ahora “una fotografía perfecta” incluyendo tomas nocturnas, “siendo además notable el interés que se sostiene en toda la película por ser cortas todas las escenas”. (El Siglo de Torreón, 23 de marzo de 1926, p. 4) La Convención Rotaria en Torreón se inscribía de cualquier forma en la producción previa de Rivera. Como había ocurrido en El Día del Algodón y en La Feria del Algodón, sus protagonistas eran los estratos medios y altos de la sociedad, que aparecían con sus familias y empleados en manifestaciones de amable reconocimiento, en esta ocasión, además, haciendo el papel de anfitriones de distinguidos visitantes.
El ingeniero continuó unos meses más adelante con la crónica de la vida social con la cinta Querer es poder, sobre la que un periodista escribió una nota en la que entre otras cosas decía:
Se desarrolla en la ciudad de Torreón y en consecuencia vemos en la pantalla nuestro Boulevard Morelos, con sus estatuas, sus farolas, sus callecillas; también la Alameda, con la fuente monumental cuya inauguración fue perpetuada (…) con una fidelidad que da la sensación de que estamos asistiendo al derroche de luces y de combinaciones; también admiramos la inauguración del alumbrado de la Avenida Hidalgo… y muchos pasajes más de la vida de esta ciudad que rápidamente va hacia su constante progreso y su embellecimiento… Un niño y un viejo son los protagonistas de la obra, y ellos se encargan de ir dando relieve a todas estas obras que transforman a la Perla de la Laguna en una verdadera ciudad moderna. Hay momentos de gracia infantil y de seriedad de magister en la film y ellos la hacen ser variada y atractiva, tal como debe ser una revista de esta índole, para terminar en la afirmación de que es preciso llevar al poder público a hombres que sepan cuáles son las necesidades de los pueblos y sepan, también, remediarlas… Es, pues, una lección de civismo, una de esas lecciones que no se olvidan, por cuanto su aridez desaparece ante la grata emotividad que se despierta con sugestiones y comentarios que hacen pasar el tiempo rápidamente, de tal manera que lo único que se siente es que la película no sea un poco más larga… (El Siglo de Torreón, 30 de octubre de 1926, p. 1)
Un año después, el ingeniero continuó en La vida lagunera su registro de asuntos locales (la coronación de la Reina María Luisa de las Fiestas de Primavera, una exposición de artículos deportivos y escenas de juegos de basquetbol y beisbol, entre otros) complementados con un número cómico en el que eran protagonistas el niño Pepín, la señora doña Casiana y un burro. (El Siglo de Torreón, 11 de septiembre de 1927, p. 14) La trayectoria del cineasta siguió con La verbena de La Raza, documental en el que registró las celebraciones organizadas el 29 de octubre por las fuerzas vivas locales a iniciativa del presidente municipal Nazario Ortiz Garza, y en la que aparecían bailes, rifas, juegos y danzas de “matachines”. (El Siglo de Torreón, 25 de noviembre de 1927, p. 8)
En 1928, el cineasta hizo Los amagos del río Nazas, integrada por una mezcla de documental y escenas con actores, pues intercalaba paisajes tomados durante una impresionante creciente del río “con un delicioso asunto cómico”. (El Siglo de Torreón, 29 de noviembre de 1928, p. 8) Y unos meses después se estrenó una nueva emisión de La vida lagunera, en la que se reproducían escenas de un banquete ofrecido por el Club Rotario al general Juan Andreu Almazán, con “numerosos close-ups de connotadas personas de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo” y títulos “confeccionados de manera humorística”. (El Siglo de Torreón, 6 de julio de 1929, p. 4) Esta cinta cerró la trayectoria cinematográfica del ingeniero y también la etapa de producciones silentes en formatos profesionales en la región.
Los documentales de Rivera, hechos entre 1924 y 1929, duraban entre quince minutos y tres cuartos de hora. Ninguno parece haberse conservado en colecciones públicas. Su autor practicó en ellos los géneros de festejos y deportes, ampliando en este último la temática de las muy representadas corridas de toros hacia entretenimientos que estaban adaptándose a las costumbres en México, como el futbol, el beisbol y el basquetbol. Por otro lado, un rasgo característico de esas cintas, la identificación de personas conocidas, establecía a la vez su atractivo local y su difícil distribución más allá de La Laguna.
Aunque eventualmente se filmaron en Torreón, Gómez Palacio y Lerdo unas cuantas cintas más, nadie disputó en ese periodo a Rivera el título informal de cronista cinematográfico. Su producción de trece películas, relativamente numerosa en comparación con otros que produjeron cine de forma amateur en el país, mostró que en los años veinte era aún posible la inserción de ese tipo de obras en circuitos de exhibición regionales. Esto se volvió en los treinta algo mucho más difícil de alcanzar debido al encarecimiento de los procesos de producción del cine sonoro y al incremento en la complejidad laboral en las esferas de la distribución y exhibición, fuertemente reguladas por cálculos económicos y prácticas sindicales. Por estos motivos los laguneros dejaron de ver a Rivera en calles y plazas “cargando su pesada cámara cinematográfica, acompañado de sus ayudantes que llevan a cuestas lámparas, cables, etc.” (El Siglo de Torreón, 11 de septiembre de 1927, p. 14) Sin embargo, el ingeniero continuó con sus actividades como cronista, especializándose en la composición de collages de temas taurinos, futbolísticos e industriales para el diario El Siglo de Torreón.