Jorge Negrete en Santiago de Chile
El 21 de mayo de 1946, el semanario chileno Ecran publicó en su portada una foto de Jorge Negrete. El astro era bien conocido por sus películas y era frecuente que su efigie apareciera en diarios y revistas, asociada a los estrenos de aquéllas. Ahora, sin embargo, se sumaba a la pieza publicitaria el atractivo de que el mismísimo Charro Cantor acababa de pasar por tierra chilena, en camino a Buenos Aires donde tenía programada una temporada de presentaciones. En el interior de ese número de Ecran aparecían fotos del mexicano con el distribuidor Ángel Ibarra y otras personalidades de la industria local, quienes le ofrecieron una recepción en su fugaz paso por el país; en el pie de una de las imágenes se leía: “Su sonrisa es de agradable aspecto infantil”.
La periodista Shanty publicó ahí mismo una entrevista que había hecho unas semanas antes en México, en la que Negrete expresaba diplomáticamente sus buenos propósitos para un acercamiento entre las industrias
…que haga hermanarse los elementos de América Latina en una poderosa unión de fuerzas hacia la conquista del cetro del cine hablado en castellano. Tales aspiraciones están inspirando la obra de esforzados pioneros del cine continental desde Chile, Argentina y México, y es algo promisorio cuando los capitales están de acuerdo con los anhelos del arte. Y es de desear que llegue el día en que un viaje como el mío no sea una excepción y veamos actuando a artistas chilenos en México, mexicanos en Chile, argentinos en México y mexicanos en Argentina, como si lo hiciesen en su propio país…
La nota afirmaba que luego de su gira argentina, el cantante regresaría para presentarse en un teatro de Santiago. De esta forma, remataba Shanty, “las admiradoras chilenas de Negrete van a poder ver, oír y ´palpar´ al astro”.

Las exitosas presentaciones de Negrete en Buenos Aires se alargaron varias semanas, pero desde los primeros días de junio empezaron a aparecer anuncios en los diarios santiaguinos en los que se invitaba al público a adquirir entradas para los cinco días en que, a partir del viernes 21, el teatro Baquedano acogería al cantante mexicano acompañado por el Trío Calaveras. Las expectativas crecieron. En la primera página del número del 14 de junio de la publicación gremial Boletín Cinematográfico, una nota decía:
El arribo de Jorge Negrete (…) ha despertado un entusiasmo pocas veces visto. De más estaría comentar (…) los orígenes de tal entusiasmo, dado que se trata del astro máximo del cine en castellano y uno de los ídolos más populares de la cinematografía mundial. Para el gremio cinematográfico (…) su presencia en Chile es un motivo de beneplácito, ya que ello nos permitirá demostrar nuestra admiración a uno de los artistas que saben mantener en alto la viva adhesión del público al cine.
El distribuidor Ibarra buscó aprovechar la inminente llegada de Negrete y anunció el lanzamiento de El dios del mal (o Canaima, Juan Bustillo Oro, 1945). Proliferaron los anuncios y las gacetillas de la cinta, que se estrenó el martes 18 en el Cine Santiago, tres días antes del esperado debut del cantante. Pero Negrete no llegó, según dijo el diario El Mercurio el 22 de junio “debido a inconvenientes insalvables a causa del mal tiempo en la cordillera”. Su debut se pospuso para el viernes 28. Ante esta inesperada eventualidad, las exhibiciones de El dios del mal se reforzaron recordando al público en la publicidad las otras cintas protagonizadas por el astro que habían tenido éxito en Santiago: Una carta de amor (Miguel Zacarías, 1943), Cuando quiere un mexicano (Juan Bustillo Oro, 1944), Me he de comer esa tuna (Miguel Zacarías, 1945) y Hasta que perdió Jalisco (Fernando de Fuentes, 1945).
El cantante arribó a la Estación Mapocho del ferrocarril el 26 de junio. Una nota consignó en El Mercurio al día siguiente que “delegaciones de instituciones artísticas, sociales y obreras, empresarios, artistas teatrales y cinematográficos, periodistas, amigos y miles de admiradores” brindaron ahí al mexicano una “simpática recepción”. En su biografía del artista, Enrique Serna añadió:
Las fotos de su recibimiento en Santiago son impresionantes (…) Llevado al hotel en un descapotable que lo dejaba a merced de la turba, estuvo a punto de morir por asfixia o aplastamiento, como se puede apreciar en las gráficas. Una intrépida chilena subió al estribo del coche y le propinó una feroz mordida en el labio. Pero lo más grave (…) fue que la multitud tumbó una barda próxima a la estación del tren y una mujer quedó herida de gravedad.
A pasar de estos percances, el astro había por fin regresado a Santiago y se preparaba para debutar. Pero apenas unas horas después de ese apoteósico recibimiento, Juan Antonio Ríos Morales, presidente en funciones de Chile, murió luego de una larga enfermedad. Naturalmente, la atención de los chilenos se enfocó en ese suceso y en la campaña por el cargo que detonó entre la clase política. Además, la muerte de Ríos dio lugar a un duelo nacional de tres días, durante los cuales casi no se celebraron espectáculos públicos. Esto obligó a una nueva reprogramación de las presentaciones de Negrete, cuyo inicio se fijó el viernes 5 de julio. Se anunciaron para entonces la reposición en los cines de El dios del mal y de la vieja cinta Jalisco nunca pierde (Chano Urueta, 1937).



En el compás de espera a que obligó la muerte del presidente Ríos, el mexicano hizo una visita de cortesía a los estudios de Chile Films, donde apadrinó el inicio del rodaje de una parodia de La dama de las camelias, estelarizada por Ana González y dirigida por José Bohr. El acontecimiento fue reseñado así en Ecran del 9 de julio:
Su primer gesto fue asociarse al duelo nacional y para eso rehusó todas las manifestaciones que se le hicieran mientras el país estaba de luto. Le encontramos en Chile Films el lunes 1 de julio. Su vieja amistad con José Bohr lo hacía aceptar gustoso la invitación de que apadrinara La dama de las camelias. Un grupo íntimo asiste a la fiesta. Negrete llegó vistiendo el uniforme de campaña del ejército mexicano. Tuvo frases muy agradables para todo el mundo, especialmente para el director del film: “Me une a José Bohr una vieja amistad y a él debo mi iniciación en la carrera artística. Fue en el año 1933… Me presenté a una audición de aficionados que dirigía Pepe y, ayudado por él, gané en el concurso.” (…) Manifestó gran entusiasmo al conocer a los artistas y Anita González (…) le hizo entrega de una simbólica llave de cobre muy chileno para que el visitante se sintiera dueño y señor de los estudios. Luego Negrete se dirigió a los operarios, “manos invisibles” que hacen realmente el cine, como explicó. Habló de su propia lucha para defender a los trabajadores del cine mexicano…
Luego de convivir con él en esa reunión donde hubo “champagne, cocteles, mucha alegría y todavía mayor compañerismo”, el reportero que hizo la nota definió así su personalidad: “Negrete es hombre sencillo. Posee un ingenio chispeante que brota espontáneo en alguna frase graciosa y oportuna. Sin ninguna afectación, procura disimular con la frivolidad del chiste la observación que se ha prendido de sus pupilas y le ha llegado al cerebro y al corazón.”

Negrete finalmente debutó el 5 de julio en el Teatro Baquedano, alargándose la temporada durante diez días. Al mismo tiempo, ofreció interpretaciones a través de la emisora Radio Prat. Fue copiosamente celebrado por el público y agasajado por los integrantes de los gremios del cine, la música y el periodismo. En nombre de la comunidad artística, se le obsequió “un precioso chamanto de huaso, con su respectiva faja, tejidos por manos de mujer chilena” (Ecran, 16 de julio); para simbolizar la hermandad latinoamericana, ante los vítores de los espectadores Negrete combinó esos atuendos típicos chilenos con su traje de charro.
El impacto de este viaje sobre otras áreas del entretenimiento se hizo sentir de inmediato. Por un lado, el comediante Gustavo Campaña puso en el Teatro Imperio la “chistosísima revista de palpitante actualidad” La llegada de Negrete, que se mantuvo en escena incluso después de que el mexicano continuara su gira por distintos países de Latinoamérica; por otro lado, en el Teatro Principal se estrenó el documental Jorge Negrete en Chile, descrito así en su anuncio para El Mercurio el 19 de julio: “La llegada del astro mexicano y todas sus actuaciones en Santiago.” Pero esa visita tuvo también como consecuencia a largo plazo que terminara por arraigar en Chile la canción mexicana, que se había popularizado a raíz de la exhibición de Allá en el Rancho Grande (Fernando de Fuentes, 1936) y las muchas otras cintas del mismo género que le siguieron. Una manifestación de ese impacto fue el surgimiento de imitadores de Negrete, como uno que en Valparaíso se hacía llamar El Charro Gómez, y a quien “las admiradoras del astro mexicano consideran un plagiario” (Ecran, 13 de agosto); otra, fue el surgimiento de festivales como el realizado anualmente en el pueblo de Chanco de la región del Maule, al que acuden concursantes de distintas poblaciones para continuar la tradición de los primeros intérpretes chilenos de canciones mexicanas, entre quienes destacó Esmeralda González Letelier, oriunda de Chanco, quien adoptó el nombre artístico de Guadalupe del Carmen.



Fuentes y enlaces
Enrique Serna, Jorge El Bueno. La vida de Jorge Negrete, II, Clío, México, 1993.
Mónica Villarroel y Marcelo Morales (coords.), José Bohr: el soñador del fin del mundo, Cineteca Nacional de Chile, Santiago, 2019.
Teatro Baquedano
http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/629/w3-article-612142.html
Chile mexicano (2006), de Alejandra Frittis