De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

Diario de llegada a San Signos de Xul Solar

Buenos Aires, 21 de marzo de 2016

A invitación de Amanda García Martín visité hace un rato el museo dedicado a Xul Solar. Hombre atractivísimo, este pintor, escritor, filósofo, astrólogo e inventor a quien no conocía. Como al final Amanda no pudo venir, pude detenerme largamente frente a las piezas que me interesaban. Entre los objetos y documentos expuestos me gustaron sobre todo los dibujos, que tienen un parecido de familia con la obra más o menos contemporánea de Remedios Varo, y unas narraciones hechas a partir de visiones inspiradas en los hexagramas del I Ching. Muy interesante todo. Compré un libro en el que se recopilan textos de Borges sobre él.

Recuerdo que en mi cumpleaños número veinte mis padres me regalaron las Obras completas de Borges, ese tomo inmanejable de más de mil páginas publicado con cubierta verde por Emecé. Para entonces Borges ya era uno de mis escritores preferidos y más de cuarenta años después es uno de los pocos de esa etapa formativa a quienes no he dejado de leer. Sus cuentos y ensayos me interesan menos, pero con alguna frecuencia regreso a sus poemas. Y ahora me da gusto saborear otra vez su prosa clara y precisa en sus admirativos textos sobre Xul Solar.

Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari tenía doce años más que Borges y fue uno de sus principales maestros. Escribe éste: “Creo que yo le debo quizá las mejores horas de mi vida, leyendo y discutiendo, y sobre todo dejándome enseñar por él”. Y en otro lugar confesó, ya viejo, que junto a su padre y a Macedonio Fernández, fue la persona que más lo impresionó, por su trato amable, por su inteligencia, por su sentido del humor. Aunque supongo que al principio debe haberle fascinado también por su rareza. Cuando lo conoció, en 1924, Xul Solar acababa de volver a la Argentina, rebosante de esoterias y vanguardias artísticas, luego de vivir una década en la Europa que sufrió la traumática Primera Guerra. Y a su regreso comenzó a fraguar, casi sin cómplices, una serie de propuestas de reformas a la civilización que Borges resume así:

Quiso recrear las religiones, la astrología, la ética, la sociedad, la numeración, la escritura, los mecanismos del lenguaje, el vocabulario, las artes, los instrumentos y los juegos. Premeditó dos lenguas. Una, el creol, era el castellano de América, aligerado, exaltado y multiplicado; otra, la panlengua, cuyas palabras, mediante el valor de las letras, tenían su propia definición (…) Ideó asimismo un teclado semicircular, que abreviaba la labor del pianista, y aquel siempre inconcluso y siempre más complejo panjuego que, bajo la especie del ajedrez, abarcaba diversas disciplinas y podía jugarse en diversos planos. Todo esto en Buenos Aires…

Café La Biela, 22 de marzo de 2016

Xul Solar me trajo el recuerdo de Diego de Villalobos, inteligente, divertido, cultísimo y quien durante una temporada se volvió algo así como el astrólogo de cabecera de mi madre. Fuimos amigos en México, en los años setenta. Él regresó luego al país donde nació, a vivir con una abuela. En el verano austral de 1985 lo visité en esa residencia porteña de clase alta repleta de polvosos objetos antiguos. Una noche de calor y mosquitos, paseando por la ciudad, me mostró por fuera la casa de Borges cerca de la Plaza San Martín. No suelo tener una aproximación fetichista a la obra o los objetos de las personas que admiro, pero debo reconocer que me emocionó estar frente a ese modesto sitio donde quizá vivía aún el gran escritor.

Uno pertenece inevitablemente a su época. Entre los novelistas o cuentistas argentinos, mis preferencias se detuvieron en Cortázar. Los más jóvenes –incluso los que, como yo, ya pintan canas–, no han llegado a atraparme. He leído libros de Soriano, Martínez, Aira, Piglia… y están muy bien. Pero en mi sensibilidad no le hacen sombra a Borges ni a Cortázar.

Un asunto curioso que tiene que ver con un escritor de acá: una colega de la universidad me encargó la novela María Domecq de Juan Forn. Busqué inútilmente esta obra de edición no muy reciente pero tampoco muy antigua en las librerías de la calle Corrientes. En las de novedades me enviaban a las de viejo y al revés. Tras una enésima negativa, cansado, me disponía a seguir camino hacia el hotel cuando un hombre como de mi edad se plantó frente a mí para sostener el siguiente diálogo:

–Perdone, ¿es usted actor?

–No. Soy mexicano.

–Ah, es que se parece muchísimo a un español que sale en una película hablada en inglés.

–Vaya.

–Déjeme decirle que la segunda edición de la novela que busca aparecerá el mes que viene.

–¿Y usted cómo lo sabe?

­–Porque yo soy Juan Forn.

Aeropuerto de Ezeiza, 25 de marzo de 2016

Después de terminar el trabajo que vine a hacer, volví apresuradamente al museo a comprar Los San Signos. Xul Solar y el I Ching. El libro contiene las visiones suscitadas en este escritor tras meditar en cada uno de los 64 hexagramas del libro sapiencial chino. Los registros están fechados entre 1924 y 1935 y fueron expresados en neocriollo o creol, lenguaje artificial de invención propia basado en raíces españolas y portuguesas. Se trata con toda seguridad del único libro publicado en esa lengua, que por lo menos ha tenido otro hablante además de Xul Solar, el profesor estadunidense Daniel E. Nelson, a quien se da crédito por la transcripción y el establecimiento de los textos, así como por su traducción al español.

Xul Solar debe haber sido uno de los primeros en aprovechar la traducción del I Ching de Richard Wilhelm, publicada en alemán en 1923. Sólo que –típico en él– no la usó a la manera tradicional como un instrumento para atisbar en la propia fortuna, sino para expandir sus experiencias de forma parecida a como ocurre en los sueños, aunque bajo control consciente y con la guía proporcionada por la estructura de cada hexagrama. Y en efecto sus visiones parecen divertidos (o aterradores) sueños, como muestra este fragmento que describe algo de lo que encontró tras el hexagrama XXI:

De repente veo (…) un ejército celestial (…) con dioses, ángeles y genios. Uno que es militar allí es una aglomeración de cabezas de distintos tamaños; otro es un pequeño cuerpo humano con rápidos miembros arácnidos; otro es de múltiples alas con sendas manos en sus puntas; otro es como una flor que se mueve (…); otro es una cabeza esférica con seudópodos abajo; y hay tantos tan diferentes a su manera en todas las nuevas combinaciones posibles, todos armados con dardos biológicos, con lanzas que son cintas de luz, con insignias de plumas de fuego y chispas, con cosas semejantes a banderas que sofocan a la hueste.

Al margen del género en el que estos textos se puedan clasificar (un par de ellos fueron publicados en revistas literarias), Xul Solar los consideraba ante todo como descripciones de los universos a los que se había asomado. Y por eso, anticipando que serían rechazados por sus contemporáneos, no aconsejó divulgarlos hasta que las condiciones fueran propicias para su recepción, lo que finalmente ocurrió en este libro ¡ochenta años después de haber sido escritos! En ese sentido, Borges alegó en su defensa, en una conferencia de 1965:

…yo querría hacer notar un curioso hecho y es que todos estamos listos a creer en visiones antiguas, nadie pone en duda las visiones de los místicos de otras épocas (…) (pero) no se le permite ser visionario a ninguna persona viviente, entonces ya se lo considera como un loco, como un charlatán, como un impostor o como un engañado. (…) quienes creen en las visiones de Blake, o quienes creen en la Revelación según san Juan (…), tildan de loco a quien les dice que ha visto algo que no ven los ojos corporales. Pues bien, yo soy escéptico de esa forma de escepticismo, yo creo en la facultad visionaria (…) y yo creo en la verdad de lo que los ángeles le dijeron a Xul.

Xochitepec, Morelos, a 14 de octubre de 2020

Fuentes

Los San Signos. Xul Solar y el I Ching está impreso en tamaño algo mayor a carta (22.5 x 28.5 cm), con la tipografía en dos tintas (el neocriollo en rojo y el español en negro) e incluye un anexo a colores con acuarelas y otras obras plásticas del autor, que sugieren plasmaciones visuales de lo recogido en los textos. Envuelve al libro una camisa café que se ata con una cinta de cuero. La edición estuvo al cuidado de Patricia M. Artundo, quien también aporta una descripción de los materiales originales y explica los criterios seguidos en su transcripción; esa nota se suma a la introducción de Nelson y a otros textos de Borges, Elena Montero Lacasa de Porvarché y Leandro Pinkler y M. Soledad Constantini para redondear la información sobre el proyecto. El volumen fue publicado en Buenos Aires y 2012 por la Fundación Pan Klub, el Museo Xul Solar y la editorial El Hilo de Ariadna en la colección Catena Aurea.

Jorge L. Borges recuerda a Xul Solar. Prólogos y conferencias, 1949-1980, Fundación Internacional Jorge Luis Borges / Museo Xul Solar / Fundación Pan Klub, Buenos Aires, 2013.

https://www.xulsolar.org.ar/

http://www.museodeartecarrillogil.com/exposiciones/exposiciones-temporales/xul-solar-panactivista

Publicado por angelmiquelrendon

Nací en Torreón, Coahuila, México, en 1957. Soy historiador del cine y escritor. Trabajo en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

2 comentarios sobre “De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

  1. Angelito querido,

    Gozo mucho tus textos, imágenes y documentos, además de lo bien escritos por tu riqueza de lenguaje son fluidos y te atrapan.

    Es un placer leerlos! Qué rigor para dar crédito a cada una de tus fuentes.

    Abrazo carnal!

    Felipe

    > El 14 oct 2020, a la(s) 19:28, Textos, imágenes, documentos escribió: > >  >

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