1925: un triunfo sindical
El Sindicato de Empleados Cinematografistas del Distrito Federal fue creado en abril de 1923 para agrupar a trabajadores de los cines y las casas alquiladoras de películas ubicadas en la capital. Estaba incorporado a la poderosa Central Regional de Obreros Mexicanos (CROM), cercana en esos tiempos a los gobiernos emanados de la Revolución. Sus primeras acciones se orientaron a consolidar al gremio contra organizaciones rivales y a establecer, poco a poco, mejores condiciones de trabajo para sus socios.
Uno de los logros más importantes del Sindicato durante sus primeros años de desempeño fue el que se le reconociera el derecho de designar a los jefes de empleados, el puesto mejor pagado en los cines. Hasta entonces los empresarios se encargaban de hacer esas designaciones, que naturalmente recaían en empleados que les eran incondicionales. El logro no fue fácil de obtener, pues además de privar a los patrones de ese derecho, el Sindicato redefinió con él de algún modo las costumbres sobre las decisiones laborales de importancia en el interior de los salones.
El caso que definió la orientación de la balanza fue el del nombramiento de Alfredo S. Orozco como jefe de empleados del Cine Progreso Mundial en mayo de 1925. Después de firmarse un convenio entre la representación de los trabajadores y la empresa, Orozco se había presentado a su trabajo. Sin embargo, el empresario no lo quiso recibir. Cuando se enteró, el secretario general del gremio, Juan Téllez, fue a entrevistarse con éste, quien desconoció el convenio. Ante esta respuesta, el secretario general ordenó a los trabajadores sindicalizados en el cine que se retiraran a sus casas hasta nuevo aviso. Pero ocurrió algo imprevisto: se presentó en el lugar el secretario general de la CROM, Eduardo Moneda, para ordenar a Téllez que se reanudaran las labores, “profiriendo insultos en contra de nuestra agrupación y de él en presencia de varios empresarios de cines que se habían congregado allí”.
Téllez se retiró y convocó a una asamblea extraordinaria donde expresó su desconcierto por la actitud del líder de la CROM y amenazó con renunciar “en vista de la afrenta y humillación de que fue víctima”. Ante los gritos de “¡no!, ¡no!, ¡no!” de la asamblea, dijo que los empresarios habían intrigado para intentar separar al Sindicato de la CROM, y continuó con la tremenda noticia (seguramente inventada en ese momento para hacer más fuerte su posición ante los compañeros) de que también habían contratado “a varios criminales para que atenten en contra de la vida de los miembros del comité de esta agrupación, y que careciendo de recursos propone se compren del fondo de resistencia armas para poder repeler cualquier agresión”. Gilberto Figueroa complementó estas palabras con una exhortación a los compañeros “para que en estos momentos de crisis no desmayen y prosigamos con más ardor la lucha que se ha trabado”. Los asambleístas propusieron entonces estallar la huelga en el Cine Progreso Mundial. Sin embargo, primero tenían que limar asperezas con sus aliados de la CROM, por lo que se nombraron delegados para establecer el diálogo.
Los funcionarios de la central obrera argumentaron que Téllez no había seguido los procedimientos legales para que el cine aceptara al jefe de empleados propuesto ni, mucho menos, para impedir que los trabajadores siguieran con sus labores. Por lo tanto, había que seguir el protocolo. Se pospuso el cierre del cine y se redactó un documento dando diez días al empresario para aceptar la propuesta. Ante la nueva negativa de éste, se preparó el estallamiento de la huelga y el conflicto se turnó a la Junta de Conciliación y Arbitraje.
Para entonces, los empresarios habían fundado un organismo para defenderse, la Unión de Empresarios de Cines de la República Mexicana. Sus representantes hicieron de lado las negociaciones con el gremio y fueron directamente con el gobernador del Distrito Federal para pedirle que evitara el cierre del cine. El funcionario aceptó y dio instrucciones de que, si el Sindicato intentaba cerrar ése o cualquier otro salón, “se abriera por la fuerza”.
Al enterarse de esta medida, Téllez recurrió a Eduardo Moneda (con quien por lo visto ya se había reconciliado) y éste a su vez a Luis N. Morones, secretario de Industria, Comercio y Trabajo, e incluso al mismo presidente de la República Plutarco Elías Calles,
…exponiéndoles que la razón y la justicia nos asistían en las justas peticiones lanzadas a la empresa del Cine Progreso Mundial, no obstante lo cual el gobernador había dado órdenes de lanzar la fuerza armada para forzar a este Sindicato a desistir de su propósito, manifestándoles que no permitiría la CROM ni esta agrupación que por la fuerza de las bayonetas se desconocieran nuestros derechos, para lo cual, si era necesario, correría la sangre de los compañeros cinematografistas.
El presidente Calles llamó al orden al gobernador del Distrito, quien no tuvo más remedio que ponerse del lado de los trabajadores. Como consecuencia, la Unión de Empresarios cedió y el Cine Progreso Mundial aceptó al jefe de empleados propuesto.
En la asamblea donde se dio a conocer este logro se encendió el entusiasmo de los trabajadores, quienes se felicitaron y entonaron vivas a sus dirigentes. Se acordó dedicar un número del semanario gremial Eco Cinematografista para dar a conocer ese conflicto “que culminó con el éxito más rotundo para nuestra agrupación”. E incluso hubo una propuesta para organizar un festival, que fue desechada porque había que “reservar nuestras fuerzas para seguir luchando en contra de la Unión de Empresarios”.
El logro particular sentó un precedente y a partir de ese momento el Sindicato tuvo libertad para designar a los jefes de empleados de los cines de la ciudad, eligiendo a los socios “que a más de sus aptitudes y competencia, sean compañeros que estén identificados con la organización obrera”. Por cierto, Orozco, que había sido propuesto para el Progreso Mundial, declinó a último momento, por lo que fue sustituido por Maximino Molina quien, luego de confirmar su adhesión al gremio, expresó que “cueste lo que cueste, él procurará porque ya no siga siendo extorsionado el elemento que trabaja en ese cine”. Los elevados ingresos que Molina tendría llevaron a otros empresarios a temer que el Sindicato, además de imponerles a los empleados, iba a hacerlos gastar más de lo que esperaban pagar. Por eso,
…con motivo de que las empresas de cines creen de manera errónea, que les resulta muy oneroso el sueldo de jefe de empleados porque creen que lo que gana el que se implantó en el Cine Progreso Mundial tendrán que percibirlo todos, (…) se va a girar una circular comunicándoles que habrá tres categorías según la clase de cine que pueda pagar lo que esté al alcance de su negocio, para lo que habrá jefes de empleados de 1ª, 2ª y 3ª categoría.
Un grupo que resintió indirectamente la excitación suscitada por este proceso fue el de las taquilleras Emma Renaúm, Gracia Martínez, Iris Domínguez y Filiberta Vázquez, quienes a fines de abril habían propuesto la creación de un Grupo Cultural Feminista dentro del gremio. Ante la falta de apoyo por parte de Téllez, éste respondió que el conflicto del Cine Progreso Mundial había ocupado toda su atención, pero que citaría a una asamblea extraordinaria para tratar el punto “a la menor brevedad posible”.
Como medida en cierto modo compensatoria, se rindió un homenaje póstumo a Manuela Becerril, representante de las taquilleras y la primera mujer en ocupar un cargo ejecutivo dentro del gremio, como tesorera, en el primer semestre de 1924. Cuando Becerril murió, en marzo de 1925, Alfonso Villegas propuso que “el Sindicato le pague una fosa, aunque sea muy modesta, a la que fue nuestra compañera”. Más adelante se acordó que se le dedicara un monumento con una inscripción. Y cuando éste estuvo concluido, se designó una comisión para encabezar el homenaje a realizar frente a la tumba el 11 de junio. La integraron Gracia Martínez, Mercedes Sánchez, Eva Martínez, Leonor Eguiarte, Laura Carrillo, Alfonso Villegas, Maximino Molina, Ramón García y Adolfo Álvarez, además de los miembros del comité; y se determinó que se alquilarían tranvías eléctricos para transportar al cementerio a los comisionados, así como a “todos los compañeros y compañeras que espontáneamente quieran ir”.

Referencia y enlace
Fragmento de una investigación en proceso. Los entrecomillados remiten a las actas de asamblea del Sindicato de Empleados Cinematografistas, mayo y junio de 1925, resguardadas en el Archivo Histórico del Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica, Sección 1, Biblioteca Amoxcalco, Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
¡Apasionante, Ángel! Deseando ver cómo continúa la investigación. ¡Ánimo con ella!
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