Cines y cinéfilos

El Cine Encanto de la Ciudad de México

Se afirma comúnmente que el arquitecto e ingeniero Francisco Serrano (1900-1982) fue uno de los más importantes representantes del art déco en la Ciudad de México; también que, por construcción o remodelación, dotó a la capital de algunos de sus cines más notables.

Su padre, también llamado Francisco Serrano, construyó durante el Porfiriato casas y edificios, e incursionó en la exhibición de películas con el Cine Fénix, ubicado en la calle Sor Juana Inés de la Cruz núm. 80, en la colonia Santa María la Ribera. El hijo no sólo se empapó así desde niño de los oficios del padre, sino que al morir éste en 1915 heredó el negocio del cine, que se convirtió en uno de sus medios de subsistencia durante sus estudios en la preparatoria y la universidad.

Anuncio en El Demócrata, 4 de octubre de 1919, p. 4.

A mediados de los años veinte, ya titulado, Serrano comenzó a hacer encargos, entre ellos la remodelación del Cine Isabel de la Ciudad de México y del Pineda de Pachuca. Esos trabajos llamaron la atención y le abrieron la puerta para proyectos en otros salones capitalinos (Palacio, Venus, Odeón, Edén, Roma, Buen Tono, Monumental, Rívoli y Teresa), a los que modificó fachadas, dotó de decoraciones y butacas, introdujo sistemas de aire acondicionado y, a partir de los años treinta, adecuó para la proyección de películas sonoras.

Esta experiencia culminó al ser contratado por la empresa Exhibidores Metropolitanos de Arturo Ceballos y Julio Castro para construir el Cine Encanto en Serapio Rendón núm. 87, colonia San Rafael. Cuando después de dos años de trabajos se inauguró el 5 de mayo de 1937, el recinto fue considerado por un reportero del Excélsior como “el más bello y confortable de la capital”, mientras que su anuncio lo publicitaba como “la última palabra en belleza y perfección”.

Anuncio en El Nacional, 5 de mayo de 1937, p. 6.

Escriben Francisco H. Alfaro y Alejandro Ochoa sobre el Encanto:

Su fachada monumental aprovechaba el lenguaje del déco mediante tres elementos horizontales: el pórtico, la marquesina y el remate con el nombre del cine. En sentido vertical, en la portada (…) resaltaban los esbeltos muros salientes que formaban un claroscuro en la parte central, encuadrada por un enorme marco macizo. Con su espectacular iluminación, esta fachada fue una señal resplandeciente en las legendarias noches citadinas de los años cuarenta.

María de Lourdes Cruz González Franco informa por su parte que el amplio acceso al interior estaba enmarcado por columnas, dos de las cuales funcionaban también como taquillas; el vestíbulo era de gran altura y contaba con jardineras en las que se habían colocado palmeras; amplios ventanales proporcionaban la iluminación diurna y lámparas con luz modulable de distintos colores la nocturna. La sala de espectáculos, con capacidad para 3147 espectadores, tenía lunetario y anfiteatro. Completaban las lujosas características del inmueble una pantalla enorme, butacas acojinadas, muros trabajados para impedir la reverberación del sonido, techo de concreto, clima artificial, un elevador para veinte personas que atendía los cinco niveles del edificio, alfombras y cortinajes, molduras en las paredes, un poderoso sistema de reproducción de imagen y sonido marca Western Electric, así como acabados en mármol, granito, cristal y bronce. Con el fin de lograr la visibilidad perfecta de la pantalla desde cualquier punto, se evitaron las columnas colocando trabes de hierro para soportar el anfiteatro.

En la inauguración del Encanto se eligió un programa doble curiosamente encabezado por la película argentina Ayúdame a vivir (José A. Ferreyra, 1936), apenas la tercera obra sonora de esa procedencia exhibida en la capital. La estelarizaba Libertad Lamarque, “La reina del tango”, quien se presentaba así ante un público que tendría ocasión de verla numerosas veces en las siguientes décadas, una vez que alejada por motivos personales de su país natal, se incorporara a las industrias mexicanas del cine y la televisión.

Anuncio en Excélsior, 5 de mayo de 1937, p. 12.

El Cine Encanto tuvo sólo dos décadas de vida, pues el temblor del 28 de julio de 1957 afectó gravemente su estructura y obligó a su demolición. Otras obras emblemáticas de Francisco Serrano en la Ciudad de México son los edificios Basurto, Insurgentes y Río de Janeiro, el Auditorio Plaza y la Escuela Nacional de Ingeniería de la UNAM.

Referencias y enlaces

Francisco H. Alfaro y Alejandro Ochoa, La república de los cines, Clío, México, 1998, pp. 58-59.

María de Lourdes Cruz González Franco, Francisco J. Serrano, ingeniero civil y arquitecto, tesis para obtener el grado de Maestra en Historia del Arte, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 1994, pp. 82-110.

Publicado por angelmiquelrendon

Nací en Torreón, Coahuila, México, en 1957. Soy historiador del cine y escritor. Trabajo en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Deja un comentario