Programas de Salvador Toscano para el Teatro Bartolomé de Medina, Pachuca (1904-1906)
El Teatro Bartolomé de Medina fue inaugurado en la capital hidalguense en enero de 1887. Juan Felipe Leal resumió en uno de sus libros la información existente sobre los empresarios que exhibieron películas en él en los primeros años del siglo: Auguste Delamare (1901), Emilio Bellán (1902), Salvador Toscano y Román J. Barreiro (1904), Salvador Toscano y Román J. Barreiro asociados a los Hermanos Pastor (1905 y 1906), Enrique Rosas asociado con Juan C. Aguilar (1906), la empresa Hidalgo (1907) y Camilo Santillán (1908). La información de esas exhibiciones proviene, sobre todo, de noticias consignadas en periódicos. Pero también hay algunos programas de las funciones que las empresas de Toscano dieron ahí.





Estos impresos en papel muestran algunas de las características del cine y su publicidad en esta etapa formativa. Se colocaban en muros, mamparas u otros sitios para anunciar una función. Incluían los títulos de las películas, los horarios, el lugar de la proyección y el costo de la entrada, y muchas veces también las partes o escenas en que estaban divididas las cintas, así como textos más o menos largos en que se contaban argumentos y se hacían comentarios. Un dato importante de este periodo revelado en ellos es que las funciones iniciaban con una serie de películas muy breves para culminar en producciones más largas, de unos quince minutos de duración. Éstas podían ser documentales como La guerra ruso-japonesa (1905), Viaje a Mérida del general Porfirio Díaz (Salvador Toscano, 1906) y Las bodas de Alfonso XIII (Segundo de Chomón, 1906), o de ficción como Asalto y robo a un tren express (Edwin S. Porter, 1903), Fausto y Margarita y Viaje a través de lo imposible (las dos de Georges Méliès, 1904). En estos primeros años se exhibieron eventualmente documentales filmados en México, pero casi no hubo películas con actores, por su elevado costo y la dificultad que representaba hacerlas.
El diseño de estos carteles se basaba fundamentalmente en la alternancia de tipografía, complementada por plecas, balas, viñetas y pequeños grabados. Tenían entre sí un claro parecido de familia, pero estaban lejos de ser uniformes, pues al no ser hechos siempre en las mismas imprentas presentaban formatos y juegos tipográficos distintos.
Aunque durante la primera década del siglo las empresas de cine también usaron para publicitarse volantes que se repartían en los salones, anuncios en diarios, gacetillas periodísticas o pregoneros en las calles, Toscano prefirió los programas impresos. Esto sugiere que le resultaban eficaces para las ciudades que visitaba, como Pachuca, donde sus habitantes estaban de seguro familiarizados con los sitios donde se acostumbraba colocar los anuncios de espectáculos. Esto hace pensar que el tiraje de los carteles debe haber sido pequeño, quizá de unas decenas de ejemplares cada vez. Además, eran productos efímeros, cuya utilidad se limitaba a la función que anunciaban. Por eso es casi un milagro que el pionero y su familia logaran conservar una amplia colección de esas piezas impresas en frágiles papeles.
Unos 250 programas de cines de distintas ciudades fueron digitalizados para incorporarse con fotografías familiares, cartas y otros materiales al CD-ROM Un pionero del cine en México. Salvador Toscano y su colección de carteles, editado en 2002 por la Fundación Carmen Toscano IAP y la Dirección General de Servicios de Cómputo Académico de la UNAM. La colección, única en México para los primeros años del siglo, resulta de gran importancia para la historia del cine, pero también proporciona abundante información sobre aspectos comerciales, publicitarios y de artes gráficas.
Citando a un “viejo pachuqueño”, el cronista Juan Manuel Menes Llaguno describió así el interior del Bartolomé de Medina:
…las tres puertas de la fachada principal (…) daban paso a un vestíbulo de regulares proporciones donde se ubicaba la taquilla en el lado izquierdo (…); al centro, tras una galería de tres escalones se encontraba un vano de arco peraltado que permitía el acceso a otro espacio, donde los espectadores se dividían para ingresar a los diferentes niveles. Quienes acudían al lunetario o palcos primeros, lo hacían directamente por una gran puerta encortinada; en tanto que quienes se dirigían a los palcos segundos, terceros o galería, abordaban una escalera semicircular que conducía a los diferentes niveles, donde reducidos pasillos daban acceso a sus lugares.
El lunetario tenía cabida para unas 500 sillas de bejuco que al ser retiradas dejaban un amplio espacio, ocupado en muchas ocasiones como sala de baile o comedor (…) A cada lado de la puerta principal, se encontraba el acceso a los palcos primeros que ocupaban de manera perimetral un espacio ligeramente más alto que el resto de la sala. Esta disposición se repetía en los tres pisos superiores (palcos segundos, terceros y galería). Toda la decoración de sus interiores era de corte francés, realizada en madera y pilares de acero finamente acabados.
El foro era de gran tamaño, al frente se encontraba un espacio ligeramente hundido para la orquesta, delante del cual se tendía el escenario, en el que sobresalía discretamente la concha para el apuntador. La profundidad del escenario permitía la caída de ocho telones, para facilitar la presentación de varios cuadros.
El mismo autor agrega que el recinto se ocupó para representaciones de ópera, zarzuela, teatro y conciertos musicales, y que a pesar de haberse exhibido películas en él desde principios de siglo, “fue hasta 1919 cuando se colocó una caseta para cinematógrafo a la altura de los palcos terceros, cegando el que correspondía a la arcada central”.
De forma anticlimática, el más importante edificio para espectáculos de Pachuca fue derribado en 1943 para construir en su lugar ¡un cine!, el Reforma. Años después, en otro lugar de la ciudad, volvió a funcionar un teatro con el mismo nombre, hecho con materiales y características arquitectónicas que sólo en su fachada recuerdan a la espléndida edificación original.


Fuentes y enlaces
Juan Felipe Leal con la colaboración de Eduardo Barraza, 1900: Segunda parte. El cinematógrafo y los teatros. Anales del cine en México, 1895-1911. México: Voyeur y Juan Pablos, 2009, pp. 124-126.
Juan Manuel Menes Llaguno (cronista del Estado de Hidalgo), “Los Teatros Del Progreso y Bartolomé de Medina”, Criterio, 15 y 22 de octubre de 2018.