Buenos Aires, 11 de febrero de 1915: la “Gran velada cinematográfica” organizada por la Liga de Educación Racionalista
Copio de Wikipedia:
Se conoce con el nombre de Semana Trágica a los sucesos acontecidos en Barcelona y otras ciudades de Cataluña entre el 26 de julio y el 2 de agosto de 1909. El desencadenante de estos violentos eventos fue el decreto del gobierno de Antonio Maura de enviar tropas de reserva a la Guerra de Melilla, siendo la mayoría de estos reservistas padres de familia de las clases obreras. Los sindicatos convocaron una huelga general y el ejército llevó a cabo una dura represión para dominar los disturbios.
Acusado de haber inducido con sus ideas el motín popular, en el que fueron incendiados ochenta establecimientos religiosos, el pedagogo Francisco Ferrer Guardia fue apresado y fusilado en octubre de ese año. En realidad, sus ideas no llamaban al cambio social a través de la violencia, sino de la formación de individuos libres en la escuela, bajo seis principios pedagógicos que Anna Ribera Carbó resume así: “la coeducación de ambos sexos, la coeducación de clases sociales, el racionalismo, el antiautoritarismo, la educación integral y el principio ´ni premio ni castigo´”. Desde inicios del siglo, Ferrer había impulsado una educación de ese tipo en la Escuela Moderna fundada por él en Barcelona, y sus propuestas políticas y educativas, divulgadas de forma impresa, fueron adoptadas por numerosas instituciones educativas en la Península y otros lugares.
El injusto fusilamiento del pedagogo dio lugar a un revuelo internacional que se manifestó, entre otras cosas, en el lanzamiento de publicaciones periódicas donde se reivindicaban sus principios favorables al pensamiento científico y contrarios a los dogmas religiosos. Entre éstas destacó, en Buenos Aires, la revista quincenal Francisco Ferrer que, bajo la dirección del profesor Samuel Torner, comenzó a publicarse en mayo de 1911 y de la cual aparecieron 17 números hasta febrero de 1912, con tirajes de hasta quince mil ejemplares. El mismo grupo que animaba a esa publicación, ahora asociado en la Liga de Educación Racionalista, lanzó después La Escuela Popular, de periodicidad mensual, dirigida por Julio R. Barcos y de la que salieron 19 números entre octubre de 1912 y junio de 1914. Tras la desaparición de ésta, continuó con las labores de divulgación el Boletín de la Liga de Educación Racionalista, con seis números editados de octubre de 1914 a mayo de 1915.
Uno de los intereses la Liga argentina fue promover la educación racionalista fuera de las escuelas, por lo que en cada número de sus publicaciones se anunció la celebración de conferencias, recitales y obras de teatro, así como la impartición de cursos gratuitos de lenguas (incluido el esperanto) y de diversos saberes prácticos. En ese contexto se dio una propuesta, hecha por el médico Juan Emiliano Carulla, para aprovechar los poderes del cine en la empresa educativa.
Nacido en la provincia de Entre Ríos en 1888, Carulla participaba en las labores de la Liga impartiendo un curso de puericultura que se anunciaba como “sumamente útil para las madres obreras y todas aquellas mujeres que lo deseen”. (La Escuela Popular, 15 de julio de 1913, p. 21) También publicaba eventualmente textos. En uno de ellos lamentó que la exhibición cinematográfica en el puerto estuviera organizada por empresarios orientados exclusivamente al lucro “con la anuencia de las clases conservadoras y del Estado”, motivo por el que
…el cinematógrafo está inficionando la mente de nuestros hijos, con gran contento de los partidarios del régimen actual y de los comerciantes de todo género que no contentos con hacer tragar, por medio de la lectura, a nuestros hijos sus perniciosas aventuras policiales y brigantescas, han trasladado a las cintas los Sherlock Holmes y los Nick Carter, con más que la relativa (…) vida que el cinematógrafo comporta ha dado lugar a la exhibición de aparatosas vistas guerreras y militares… (“El cinematógrafo del pueblo”, La Escuela Popular, 15 de octubre de 1913, pp. 18-19)
Para combatir la presentación de películas que “en lugar de contribuir a la obra de la cultura general, tienen a embrutecer a las clases desheredadas”, el médico proponía la organización de funciones cinematográficas “con repertorio escogido y destinadas a divertir sanamente al pueblo”.
Unos meses después, Carulla insistió en la revista en la necesidad de contrarrestar la apropiación del cine por una “intelectualidad gobernante” que valiéndose de su capacidad económica lo monopolizaba con el afán de “difundir los principios ideológicos y morales en que se pretende basar el actual estado de cosas”; esto había convertido al medio “en un real instrumento de deformación de la mentalidad de los centenares de miles de hombres, mujeres y niños del pueblo que, a toda hora, acuden a los infinitos salones de exhibición”, por lo que creía impostergable fundar “cinematógrafos nuestros, para diversión y educación nuestra y de nuestros hijos”. (“Un cinema para el pueblo”, La Escuela Popular, 15 de octubre de 1913, pp. 9-10)
El director de ese órgano de la Liga de Educación Racionalista, Julio R. Barcos, saludó tiempo después la iniciativa:
Nuestro amigo Carulla lanzó la idea desde esta revista, de la conveniencia de fundar un Cinematógrafo del Pueblo que respondiese a la obra cultural y emancipadora del proletariado moderno, en contraposición a los artificios y banalidades de tantas y tantas películas idiotas como se dan diariamente en todos los salones de la ciudad. Los fines que perseguía el autor (…) no podían ser más bellos ni más útiles (…) La idea (…) no ha caído en saco roto. Hay personas de la Liga que se disponen a ejecutarla con sus propios recursos y acaso, dentro de breve tiempo, sea esta generosa empresa una realidad. (“Una buena iniciativa”, La Escuela Popular, 15 de junio de 1914, p. 4)
Efectivamente, unos meses después el proyecto comenzaba a materializarse con el anuncio de una “Gran velada cinematográfica” en la que se exhibirían películas acompañadas por la recitación de poemas y de una conferencia; el principal atractivo del programa era la cinta pacifista ¡Maldita sea la guerra! (Maudite soit la guerre, Alfred Machin, 1914), producida en Bélgica bajo la tensa atmósfera previa al estallido del conflicto europeo que, en el momento de exhibirse la cinta en Buenos Aires a principios de 1915, se encontraba ya en pleno desarrollo.

Una reseña de la velada dio cuenta de que un público muy numeroso había escuchado a la señorita Rosalía Granowisky decir emotivamente los poemas “El herrero” de Arthur Rimbaud y “Las Ideas”, y a un “simpatizante de buena voluntad” sustituir al ausente conferencista anunciado, Jorge Guasch Leguizamón; sobre las proyecciones decía:
El programa fue variado. Las vistas cinematográficas escogidas reunían varios méritos: a la par que artísticas unas, de argumento social y educativo otras. El tema era el alcohol y la guerra en general, los dos terribles flagelos que azotan a los pueblos. Son éstos, dos de los blancos contra los que apunta nuestra educación regeneradora.
Los contrastes que se suceden en el film, las sanas ironías y elocuentes sarcasmos trasplantados a la vida real, nos hicieron pensar una vez más sobre la grande obra que puede prestar el cine a la causa de la educación popular. Su sencillez en la interpretación permite unificar estas tres condiciones difíciles de reunir: educa, instruye y deleita. (“Nuestra velada”, Boletín de la Liga de Educación Racionalista, 5 de marzo de 1915, p. 5)
La nota terminaba informando que en el plan de la organización figuraba la celebración de actos similares. Pero si hubo nuevas veladas cinematográficas, es probable que ya no estuviera entre el público Juan Emiliano Carulla, quien a principios de 1916 se sumó como voluntario al cuerpo médico del ejército francés que combatía en la Gran Guerra. Esa experiencia lo transformó y cuando regresó a Argentina tiempo más adelante renunció a las causas en que había creído durante su militancia en la Liga para convertirse en un conocido defensor de las políticas autoritarias. También, seguramente, dejó de interesarse por el cine como medio de elevación popular.
Referencias y enlaces
Francisco Ferrer Guardia, Principios de moral científica y otros textos, selección y prólogo de Anna Ribera Carbó, Cuernavaca, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, 2015.
https://www.imdb.com/title/tt0003131/