De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

Cervantes, alrededor

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Mi tía Amalia Miquel Alcaraz nació en el pequeño pueblo Xixona, provincia de Alicante, en 1909. En aquella época sin radio, cine o televisión los mayores tenían –escribió en el libro que dedicó a su maestra y pariente María Dolores Miquel– “arraigada la costumbre de contar cuentos, leyendas o historietas a los niños”. Su padre, Vicente, solía contarle “Blanca Nieves y los siete enanos”, “La Caperucita roja y el lobo”, “La madrastra y su ahijada”, “El molinero y las cinco esposas”, así como historias de piratas y contrabandistas adaptadas didácticamente a la costa y la sierra alicantinas. Pero su padre también

…a veces se refería a las pintorescas aventuras del “Ingenioso don Quijote”, su escudero y la bella Dulcinea, relatos vivos en las grandes llanuras de la Mancha, donde el hidalgo creía ver en los molinos de las tremendas aspas movidas por el viento y en los rebaños que mansamente pasturaban por las silenciosas tierras, ejércitos guerreros que venían a luchar bravamente con el personaje creado por Cervantes y su fiel Sancho, que seguía a su amo pensando que el andante caballero soñaba demasiado con las muchas quimeras que pasaban brillantes en el filo de su mente y de su espada.

Amalia se mudó en la adolescencia a Alicante, puerto mediterráneo donde se hizo escritora. En esa ciudad casó con el poeta y profesor Pedro González Guillén. Juntos hicieron una vida centrada en el naturismo y las filosofías orientales divulgadas por Helena Blavatsky, de la que también participaba mi padre, Ángel Miquel Alcaraz, diez años menor que Amalia. Esa época feliz terminó cuando las circunstancias llevaron al frente a los pacifistas cuñados Pedro y Ángel para colaborar en la defensa de la República durante la Guerra Civil. La posterior instauración de la dictadura de Francisco Franco determinó que el exilio desgajara la familia.

Amalia, Pedro y Ángel se reencontraron en México en los años cincuenta. Cuando sus trabajos se los permitían, viajaban juntos por el interior de este país que encontraban fascinante. En 1955 fueron a Guanajuato, donde descubrieron que el grupo de Teatro Universitario dirigido por Enrique Ruelas representaba entremeses cervantinos en la Plazuela de San Roque. Asistieron a una de esas representaciones, cenaron en el restaurante frente al Teatro Juárez, callejonearon. En ese viaje, mi padre se encontró azarosamente con la norteña Flora Rendón Casavantes, quien también visitaba la ciudad. Comenzaron a verse, se hicieron novios. En diciembre, Pedro y Amalia regalaron a la joven pareja las Obras completas de Cervantes editadas por Aguilar en 1952; en una de sus guardas escribieron: “Que la luz de este libro os ayude a abrir las puertas de la ternura infinita en vuestro amor”.

Aguilar S.A. de ediciones, Madrid, 1952

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Proveniente de Marruecos, donde su familia catalana se había radicado, el anarquista Proudhon Carbó se sumó al estallar la Guerra Civil a la defensa de la República. El dominio de varias lenguas y su carismática personalidad lo hicieron un interlocutor ideal de periodistas y políticos extranjeros como Emma Goldman, André Malraux, Juan Marinello, John Dos Passos y José Mancisidor. También encabezó en 1939 una de las últimas columnas militares que, perseguida por las fuerzas franquistas, pasó a Francia por la frontera de Cataluña; a ese episodio corresponden los siguientes recuerdos, plasmados por Carbó en Yanga Sácriba. Autobiografía de un libertario:

El ambiente era de una tensión insoportable a medida que se acercaba el desenlace del drama. Hice una última incursión a Puigcerdá, para cerciorarme de que no había rezagados. Licencié a los guardias que resguardaban todavía la Comandancia. Me fijé en un mapa de España, escala 1:1.000.000, que estaba en la pared sujeto con “chinches”. Lo arranqué violentamente y con él bajo el brazo subí a un pequeño Ford que aguardaba fuera y salí hacia la frontera. Cuando bajé de mi vehículo entré en el edificio de la Aduana. Todo estaba desierto. El enemigo estaba ya en Puigcerdá. Al salir, vi sobre el gran mostrador un libro. Era el Quijote. Lo tomé nerviosamente y me dirigí al puente (…) Así entré en el exilio. Con el Quijote bajo el brazo y el mapa de España en la mano.

Meses después, la cortesía obligó a Proudhon a regalar ese ejemplar a un compañero de lucha francés quien, habiéndolo hospedado en su casa junto a su esposa Carmen Darnaculleta, declaró interesarse en estudiar la lengua castellana. Era una pérdida que no tenía mayor importancia, pues la joven pareja llevaba entre sus escasísimas pertenencias las Obras completas de Cervantes publicadas por Aguilar en 1935, que la madre de Proudhon compró en Alcazarquivir, Marruecos, para regalarle, así como la edición del Quijote de cien mil ejemplares hecha para conmemorar el tercer centenario de la muerte de su autor (Ramón Sopena, Barcelona, 1916). Proudhon dejaba su huella en los libros que le resultaban significativos; en distintas partes de este Quijote, además de consignar datos de adquisición y uso (precio pagado: una peseta; lugar de encuadernación en cuero: Mekinès), pegó fotografías propias y de amigos, así como varias páginas con frases y refranes rescatados por su lectura de la novela maravillosa.

Luego de vivir un tiempo en la República Dominicana, Proudhon y Carmen se radicaron definitivamente en la Ciudad de México. Su hija Margarita, nacida en uno de los barcos del exilio, creció en la colonia Condesa y estudió en la UNAM. Poco después de morir sorpresivamente en 2015, su amiga Antonia Pi-Suñer escribió sobre ella:

Conocí a Margarita en la Facultad de Filosofía y Letras, siendo compañeras de banca en la carrera de Historia. Cursamos muchas materias juntas (…) hablábamos catalán entre nosotras pues compartíamos el ser hijas de refugiados catalanes de la misma región (…), el Ampurdán, el cual siempre se ha distinguido por su tradicionalismo familiar y por su republicanismo innato. Coincidimos también en el Orfeo Català, donde bailábamos en el Esbart Dansaire, descollando Margarita por su gracia y belleza; incluso me atrevo a decir que fue la mejor intérprete que ha tenido el grupo a lo largo de los años. Durante estos años conoció a Josep Ribera quien ha sido su compañero de toda la vida.

Tuvimos la suerte de tener unos padres que desde un principio nos hicieron amar a México, por lo cual siempre nos hemos sentido mexicanas sin dejar de lado nuestro origen catalán. Ambas hicimos toda la carrera académica en la Facultad: licenciatura, maestría, doctorado, y nos incorporamos a su cuerpo docente desde temprano. Si bien nuestros intereses académicos nos llevaron a especializarnos en temas distintos, siempre estuvimos en contacto y seguimos la carrera de una y otra. Yo sabía del éxito de Margarita en sus clases y conferencias sobre la Revolución Mexicana y de su devoción al estudio de dicho periodo y del cardenismo, temas que desarrolló en varios de sus libros y artículos. Su entusiasmo por la historia y las humanidades contagió a sus dos hijas, Eulalia y Anna, quienes son ahora distinguidas académicas.

En la biblioteca de Margarita se conservaron las Obras completas de Cervantes y el Quijote traídos a México en el equipaje de sus padres. También quedó ahí otro ejemplar del Quijote (Editorial Petronio, Barcelona, 1973) regalado por Proudhon y Carmen a sus nietas Eulalia y Anna Ribera Carbó. Por su parte, Josep (o José), heredó de su también exiliado padre Ignasi Ribera la edición en formato grande y con los grabados de Gustave Doré hecha por B. Bauzá en Barcelona y 1930, y adquirió la de Editorial Iberia de Barcelona aparecida en 1954 y la conmemorativa del IV centenario de la primera edición, publicada en 2004 de manera simultánea en distintos países por las Academias de la Lengua Española y Alfaguara. Y puesto que mi esposa Anna y mi cuñada Eulalia han hecho sus propias adquisiciones, pueden encontrarse en su biblioteca familiar conjunta ¡siete ediciones de la novela!

Ramón Sopena editor, Barcelona, 1916
Editorial B. Bauzá, Barcelona, 1930
Editorial Iberia, Barcelona, 1954
Editorial Petronio, Barcelona, 1973
Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1989
Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española y Alfaguara, México, 2004
M. Aguilar editor, Madrid, 1935

Fuentes

Amalia Miquel Alcaraz, María Dolores Miquel en la historia de Jijona, Amaipe, Alicante, 1978.

Proudhon Carbó, Yanga Sácriba. Autobiografía de un libertario, Plaza y Valdés, México, 1991.

Antonia Pi-Suñer, “In memoriam: Margarita Carbó Darnaculleta”, http://www.h-mexico.unam.mx/node/16708

Publicado por angelmiquelrendon

Nací en Torreón, Coahuila, México, en 1957. Soy historiador del cine y escritor. Trabajo en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Un comentario en “De libros y algunas personas que no pueden vivir sin ellos

  1. Me ha emocionado esta entrada sobre la naturaleza casi bíblica del Quijote, libro que, por muchos motivos, nunca dejará de hablar de la naturaleza humana, a todos los seres humanos que habrán de venir. Gracias, Ángel.

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